Lesbianas musulmanas, bandera palestina y un blanco colgado en el cartel del Orgullo Gay de París
El cartel de la marcha del Orgullo Gay de este año ha encendido una tormenta política y ha dividido a la misma comunidad LGBT+.
La Marcha del Orgullo de París, prevista para este junio de 2025, ha generado un terremoto político antes de empezar. El detonante ha sido el cartel de promoción, difundido por la organización Inter-LGBT. En el poster se ve a un hombre blanco aparentemente colgado por una corbata, una mujer con velo islámico, otra con un pin con los colores de la bandera palestina, y otras figuras con rasgos que evocan las minorías sexuales, de género y raciales.
El lema elegido también ha contribuido a encender los ánimos: “Contra la internacional reaccionaria, queers de todos los países, ¡únase!”, una adaptación de la consigna marxista clásica que deja entrever una voluntad de confrontación ideológica a nivel global.
Humillación al hombre blanco
Muchos han interpretado el cartel como una escenificación de venganza o humillación hacia el hombre blanco heterosexual, que aparece en el centro, desmayado o muerto, con un tatuaje de cruz celta en el cuello, símbolo habitualmente asociado a grupos ultras. Sin embargo, el efecto visual ha generado interpretaciones muy diferentes. Para algunos, representa una incitación al odio y una caricatura peligrosa de las relaciones entre colectivos.
Los organizadores de la Marcha, el Inter-LGBT, han dicho que se ha malentendido el mensaje. Según ellos, el hombre colgado no representa ningún "blanco", sino una alegoría de la reacción internacionalTambién han aclarado que los colores del saco (rojo, blanco y verde) no son palestinos, sino los de países como Hungría o Bulgaria, donde las marchas están prohibidas.
División en la comunidad LGBT+
La polémica por el cartel ha abierto una grieta cada vez más visible en la propia comunidad LGBT+. El colectivo Beit Haverim, que representa a personas judías gays y lesbianas, ha sido de los primeros en alzar la voz. Consideran que el uso de símbolos como el pin con los colores de la bandera palestina es una forma de instrumentalización política que puede generar tensión y hostilidad en el movimiento. En sus palabras, se trata de un "gesto peligroso que pone en riesgo la seguridad y la legitimidad de miembros de la comunidad que no comparten esta agenda".
Pero no son los únicos. Varias figuras del feminismo crítico han expresado malestar por la presencia de una mujer con velo en el cartel, símbolo que interpretan como una banalización de la opresión de género en nombre del multiculturalismo. Por estas voces, la alianza entre ciertos sectores LGBT+ y discursos islamistas o antisionistas es contradictoria y excluyente para mujeres, ateos, disidentes religiosos o personas LGBT+ que provienen de contextos musulmanes y que han roto con esa religión.
A todo esto se le suma una crítica creciente entre personas homosexuales mayores o con un historial largo de militancia: algunos lamentan que la Marcha del Orgullo ya no es una fiesta de liberación, sino una marcha política cada vez más sectaria. Otros, en cambio, defienden precisamente que el movimiento debe ser antifascista, antirracista, anticolonial y propalestina, todo en un mismo paquete.
Reacciones políticas inmediatas
La respuesta de la clase política francesa no se ha hecho esperar. Las primeras voces críticas han venido de la derecha institucional y de la extrema derecha. una deriva sectaria y violenta de una parte del movimiento LGBT+. Valérie Pécresse, presidenta de la región de Île-de-France, ha sido la más contundente: ha anunciado la retirada inmediata del logo regional del cartel y ha suspendido la subvención pública a la organización Inter-LGBT. Ha declarado que “no se puede subvencionar un mensaje que incita al odio ya la violencia contra una parte de la población”.
Desde el Reassemble National, Marine Le Pen ha hablado abiertamente de "racismo antiblanco". A la izquierda, la reacción ha sido más matizada: figuras como Jean-Luc Mélenchon han defendido el cartel como una expresión legítima ante la ofensiva reaccionaria global.
En resumen, el cartel no sólo ha dividido a la sociedad civil, sino que ha encendido una batalla simbólica dentro del panorama político francés. En plena campaña por las elecciones europeas y con la ultraderecha ganando terreno, el conflicto sobre la Marcha del Orgullo se ha convertido en un marcador ideológico: para unos, un símbolo de resistencia; para otros, una prueba más de la fractura cultural que vive Francia.
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