Kazajistán ya ha multado a más de 1.600 mujeres por llevar burka, niqab o hiyab con mascarilla
Desde enero de 2026, la policía puede multar a las mujeres que reinciden tras un primer aviso. Las multas son de 80 euros, el equivalente a la mitad del salario mínimo mensual.
La prohibición del burka y el niqab en Kazajistán ya ha entrado en fase sancionadora. El Ministerio del Interior de Kazajistán ha informado que la policía ya ha multado a 1613 mujeres para llevar burka, niqab u otras piezas que impiden la identificación como el hiyab y la mascarilla sanitaria. Según recogen medios kazajos como Kursiv, en enero de 2026 la policía comenzó con una campaña informativa, después emitió avisosi, finalmente, ha multado a las reincidentes con una sanción económica. El proceso para reprimir el burka y el niqab comenzó en septiembre de 2025 con la prohibición de entrar en centros comerciales con estas vestimentas. Ahora, las multas por llevarlas a la calle son de 43.250 tenges, unos 80 euros, una cantidad elevada en el contexto porque equivale a casi la mitad del salario mínimo mensual del país.
El caso kazajo no es una excepción en Asia Central. Kazajistán es un país de mayoría musulmana, pero también es un estado oficialmente secular y heredero de una tradición post-soviética que mantiene un control estrecho sobre la religión. Por eso, las autoridades no presentan el veto al burka y al niqab como una medida contra el islam, sino como una defensa de la seguridad pública, de la identificación personal y de un modelo nacional de islam considerado moderado y compatible con el Estado laico.
Las autoridades islámicas avalan la prohibición
La Administración Espiritual de los Musulmanes de Kazajistán, el muftiato, ha apoyado la medida y ha insistido en que llevar niqab no es una obligación religiosa. Explica el medio kursiv, que el gran muftí ya había afirmado que el sharia no prescribe esta pieza y que los musulmanes deben obedecer la ley del país. Esta autoridad remarcó que el islam exige modestia, pero no obliga a las mujeres ni a cubrirse completamente el rostro ni el pelo. También añadió que el niqab no forma parte de la tradición kazaja, un argumento central en la forma en que el gobierno presenta la medida.
La prohibición queda así enmarcada no sólo como una cuestión de seguridad, sino también como una defensa de un islam nacional, moderado y compatible con el Estado secular. La norma, además, prevé excepciones por motivos médicos, laborales, climáticos, deportivos o culturales, por lo que no equipamientos profesionales, prendas de abrigo o coberturas vinculadas a actividades artísticas y eventos públicos.
Con las multas, Kazajistán envía un mensaje que va más allá de la vestimenta. El Estado deja claro que no quiere ceder el control del espacio público a símbolos religiosos que considera ajenos a la identidad nacional e incompatibles con su modelo secular. La sanción contra el burka y el niqab funciona así como una frontera política entre la religión aceptada y la religión percibida como desafío social.
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