Kazajistán quiere acabar con los imanes de TikTok
El gobierno investigará a los predicadores islámicos que hacen sermones en las redes. Considera que la mezquita digital difunde mensajes contrarios a valores nacionales.
Kazajistán ha abierto un nuevo frente en el control del islam público. Después de prohibir el burka y el niqab, el gobierno pone ahora el foco en los predicadores islámicos que hacen sermones en las redes sociales sin autorización de la autoridad musulmana oficial del país (el Muftiat). Diversos diputados alertan de que estos imanes de internet pueden influir en los jóvenes, erosionar los valores nacionales y alimentar una religiosidad fuera del control institucional.
Cuenta Kusiv Media, que el debate se ha acelerado a raíz de varias polémicas protagonizadas por predicadores no oficiales. El caso más sonado es el de Kurbanali Akhmet, un predicador sufí que afirmó en un podcast que había “regalado” a una de sus mujeres a un alumno. El episodio provocó una fuerte reacción política y religiosa, y sirvió a los diputados kazajos para reclamar que la policía investigue a los sermones islámicos difundidos en internet sin el permiso del Muftiat.
Internet es la mezquita que el Estado quiere controlar
Durante años, el Estado kazajo podía controlar la predicación religiosa a través de las mezquitas, los imanes registrados y el Muftiat oficial. Pero las redes han roto ese esquema. Ahora un predicador puede llegar a miles de jóvenes desde un canal de YouTube, un directo de TikTok o un podcast sin pasar por ninguna mezquita ni por ninguna autoridad religiosa reconocida. Por eso el gobierno ya no mira sólo a los sermones de los viernes, sino también a los vídeos cortos, las entrevistas y los consejos religiosos que circulan por internet.
Éste es el fondo de la ofensiva contra los imanes digitales. El problema, para Kazajistán, no es sólo que algunos predicadores difundan ideas radicales o mensajes contrarios a los valores nacionales, sino que construyan autoridad religiosa fuera del control del Estado. En la práctica, internet se ha convertido en una nueva mezquita sin muros, sin registro y sin imán oficial. Y el gobierno kazajo quiere que también este espacio pase por el filtro del Muftiat.
El diputado Murat Abenov lo ha expresado de forma directa. Según él, si el Muftiat no ha autorizado oficialmente a una persona a predicar en su nombre, aquella predicación es ilegal y la policía debe hacer responsables a los autores. Abenov defiende que cualquier predicador independiente, aunque se presente como ustaz o maestro religioso, debería ser investigado si actúa al margen de la autoridad musulmana oficial del país.
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