La fundación que gestiona la Oficina de Asuntos Religiosos de Barcelona paga 175€ por denunciar la islamofobia
La Fundación Bayt al-Thaqafa recibe cada año cerca de 3 millones de euros públicos por defender la inmigración musulmana. Gestiona la Oficina de Asuntos Religiosos de Barcelona.
Barcelona tiene un servicio municipal único en España llamado Oficina de Asuntos Religiosos (OAR). La oficina actúa como referente del Ayuntamiento en materia de religiones y creencias, asesora a servicios municipales y promueve la visibilidad de las religiones en la ciudad. La particularidad es que este servicio municipal está externalizado en la Fundación Bayt al-Thaqafa. El Ayuntamiento no sólo ha externalizado la gestión de todas las religiones de Barcelona a una entidad musulmana. También financia a Bayt para que haga buena parte de la asistencia social a población musulmana inmigrante: acogida, lengua, regularización, inserción laboral, apoyo familiar y alimentos. Según la memoria económica de su web, en 2025 recibieron al menos 3,36 millones de euros de dinero público entre subvenciones y contratos.
La Oficina de Asuntos Religiosos funciona integrada en la estructura municipal de que promueve la interculturalidad (BCN Interculturalidad). Su comunicación pública y actividades se difunden a través de los canales de este programa con apariencia de difusión cultural. Esto permite presentar políticas religiosas sin el componente confesional hasta que la adaptación institucional a la religión parece ser una simple política de convivencia. Un ejemplo es la presión que la oficina religiosa hizo durante el Ramadán de 2026 para eliminar la música en las escuelas de Barcelona como práctica intercultural.

175 € por denunciar la islamofobia
Bayt al Thaqafa no se limita a difundir el discurso contra la islamofobia con los altavoces del Ayuntamiento que le otorga controlar la Oficina de Asuntos Religiosos. También participa en proyectos específicos para detectar y recoger experiencias de discriminación, convertirlas en relato público y darles proyección social e institucional.
Uno de estos programas es EMPOWERYOUTH. Se trata de’un proyecto financiado por la Unión Europea que recluta a jóvenes musulmanes que hayan sufrido discriminación. Para encontrar a estos jóvenes, la Fundación publicó y difundió un mensaje donde ofrecía 175 € a cualquier joven que explicara la experiencia y participara en una formación. Pero el objetivo de Empoweryouth va mucho más allá de recoger testigos para engordar documentos. Los objetivos declarados según su web son:
- Formar a jóvenes musulmanes como “agentes de cambio” y “líderes comunitarios”.
- Construir y consolidar comunidad musulmana juvenil.
- Crear y difundir narrativas propias sobre la islamofobia.
- Dar herramientas para que intervengan en el debate público.
- Generar un “efecto multiplicador” para que transmitan estos discursos a otros jóvenes musulmanes.
- Facilitarles el acceso a medios de comunicación y otros "espacios de influencia".
- Impulsar su participación en ámbitos sociales, asociativos e institucionales.

El proceso no termina en la recogida de testigos. Para recibir los almuerzos, es necesario que los jóvenes asistan a una formación en liderazgo, comunicación intercultural, autopercepción y rol de ’agente de cambio“. Después son ellos mismos quienes deben formar y sensibilizar a otros jóvenes musulmanes, replicando el contenido aprendido y ampliando su alcance. El sistema se asemeja más a un proceso de captación, formación e incorporación a una red que a un espacio de denuncia. El joven entra con un incentivo de 175 euros, accede a los beneficios internos de la entidad y después es invitado a reproducir el mismo esquema con otros jóvenes o entidades. No es una convocatoria abierta cualquiera: es un proceso de selección, formación y multiplicación de perfiles.
El modelo que Europa asocia a los Hermanos Musulmanes
Bayt al-Thaqafa gestiona las religiones en Barcelona ya su vez forma parte de Empoweryouth, un proyecto europeo que aplica un modelo que en Europa ya ha generado alarmas de los servicios de inteligencia. La lógica de Empoweryouth es casi calcada en la de FEMYSO (Foro de Organizaciones Europeas de Jóvenes y Estudiantes Musulmanes). Esta asociación ha sido señalada en informes y advertencias oficiales europeas por su proximidad al entorno de los Hermanos Musulmanes. El informe de Francia de 2025 sobre islamismo político y los servicios secretos alemanes situaba esta red y otros similares dentro del ecosistema a vigilar. La situación contra esta red ha ido escalando hasta que en julio de 2026 el Parlamento Europeo anunciaron que la Mesa había decidido excluir a FEMYSO de las actividades de la cámara.
El paralelismo entre FEMYSO y Empoweryouth es evidente en la forma de utilizar la islamofobia como campo de movilización. Precisamente Femyso hizo a principios de 2026 una encuesta a musulmanes universitarios catalanes buscando islamofobia. La premisa era que los campus son espacios hostiles a los musulmanes por falta de espacios de oración o porque los programas de estudios no hablan del islam. El cuestionario conducía así a interpretar el malestar, el miedo o incluso problemas de salud mental como consecuencias de una islamofobia estructural. Y presentaba los cambios institucionales como solución.
Es precisamente este modelo -islamofobia como punto de partida, organización, formación, construcción de liderazgo e incidencia institucional- el que acerca FEMYSO a lo que Empoweryouth despliega en Barcelona con financiación europea a través de Bayt al-Thaqafa. FEMYSO forma a jóvenes musulmanes para que detecten discriminaciones, construyan discurso, hagan incidencia política y se conviertan en “multiplicadores” dentro de sus comunidades. Empoweryouth reproduce prácticamente la misma secuencia: recoge experiencias de islamofobia, las transforma en “nuevas narrativas”, forma “agentes de cambio” y prepara a los participantes para que después sensibilicen y formen a otros jóvenes musulmanes. Cambian las siglas y la entidad ejecutora, pero no el manual: agravio, selección, formación, liderazgo, multiplicación y presión institucional.
De la asistencia social a la influencia política y cultural
El circuito se retroalimenta. La administración financia la entidad que asiste a la musulmanes; esta misma entidad participa en la definición y detección de las presuntas discriminaciones que sufren; después forma a nuevos representantes para que las expliquen, las multipliquen y reclamen cambios a las instituciones. La presencia privilegiada de Bayt en la estructura municipal se lo pone muy fácil. La OAR asesora servicios y equipamientos municipales sobre diversidad religiosa y participa en la adaptación de políticas públicas a las prácticas que necesita el islam para impregnar a la sociedad. Esto se concreta en ámbitos muy diferentes: criterios para los cementerios, orientaciones a escuelas durante el Ramadán, promoción de la alimentación halal, necesidades de espacios de oración, adaptaciones en el ámbito sanitario y formación para que las prácticas religiosas puedan encajar en el funcionamiento ordinario de los servicios públicos.
Estas adaptaciones no aparecen presentadas como política religiosa, sino dentro del lenguaje municipal de la interculturalidad, la diversidad, la acción comunitaria y la lucha contra la discriminación y el racismo. Lo mismo ocurre con la parte cultural: Uno de los ejemplos más claros es el proyecto Barxiluna impulsado desde la Oficina de Asuntos Religiosos y BCN Interculturalidad. El proyecto hablaba de recuperar un "pasado y presente islámico" presuntamente invisibilizado. El problema es que todo se basaba en una investigación arqueológica que demostró justo lo contrario de lo que pretendían. Pero esto no les detuvo porque las conclusiones del ciclo ya las tenían escritas del principio: se trataba de “propuestas de cambio” por revisar materiales educativos, visibilizar el pasado islámico en los museos, adaptar cementerios a las necesidades musulmanas y apoyar centros de culto, espacios comunitarios y festividades religiosas.
El resultado es que una entidad nacida para acoger a inmigrantes se ha convertido en una empresa con más de 100 trabajadores que mueve más de 3 millones de euros públicos cada año. El circuito se retroalimenta con dinero público de Barcelona y de la Unión Europea que financian entidades que detectan discriminaciones y proponen demandas que llegan a las propias instituciones, que financian nuevas medidas para dar respuesta. Cada adaptación alcanzada se convierte así en el punto de partida de la siguiente en un movimiento infinito. El dinero público financia, por tanto, no sólo las adaptaciones presentes, sino también las estructuras encargadas de identificar, formular y defender las siguientes demandas.
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