Un estudio de Can Ruti y Sant Pau propone no realizar pruebas de glucosa a embarazadas durante el Ramadán
Las embarazadas musulmanas dan positivo en diabetes durante el Ramadán. La solución que proponen los científicos es no mirar.
Investigadores de Can Ruti y Sant Pau han publicado un estudio científico en BMC Medicine que defiende no hacer pruebas de glucosa a embarazadas musulmanas durante el Ramadán. Los investigadores llevan diez años midiendo cómo el ayuno del Ramadán altera la glucosa de las embarazadas musulmanas y pone en riesgo a sus bebés. En la práctica, esto significa aplazar las pruebas a las mujeres musulmanas durante el mes de ayuno para evitar “falsos positivos”. Evitar los falsos positivos tiene un efecto colateral evidente: los positivos reales también se detectarán más tarde.
Mientras la madre ayuna, el bebé musulmán no deja de crecer. Y lo hace en un entorno metabólico que la ciencia reconoce como peligroso y no recomendaría a ninguna mujer. La diabetes gestacional no tratada engorda el feto de forma anormal, complica el parto, y puede causar que el bebé nazca con una crisis de glucosa. A largo plazo, estos bebés tienen mayor riesgo de diabetes y obesidad.
La propuesta científica es no realizar pruebas de glucosa en las embarazadas musulmanas durante un mes para evitar “falsos positivos”. Pero las que sí tienen diabetes real esperarán también un mes con la glucosa alta y todas las complicaciones que puede acarrear para la madre y el bebé. Quizá por eso sorprende que el estudio no plantee otra opción que la propia religión ya prevé: el islam exime a las embarazadas de ayunar durante el Ramadán. Los propios autores lo reconocen en la página 2 del estudio. Lo saben. Lo escriben. Y no proponen recordarlo a las mujeres porque admiten que entre el 54% y el 99% de las musulmanas hacen ayuno durante el Ramadán por presiones sociales y familiares.
Un estudio científico que no molesta a la religión
Durante el Ramadán, las embarazadas musulmanas ayunan entre 14 y 17 horas, rompen el ayuno con grandes cantidades de hidratos de carbono de alto índice glucémico, duermen menos y en horarios alterados. Todo esto dispara la glucosa. Esto tiene un nombre en medicina: factor de riesgo para el bebé. El estudio obvia que el bebé también es el paciente y que no practica religión alguna. La medicina culturalmente sensible es un adelanto real cuando no compromete la seguridad del paciente.
Los autores del estudio proponen cambiar los protocolos médicos de cribado de diabetes gestacional en toda Cataluña. Quieren que los médicos tengan en cuenta el calendario del Ramadán antes de programar las pruebas. Una recomendación que afectaría a todas las embarazadas musulmanas del sistema público catalán, que cubre el 80% de la población. Un cambio de protocolo basado en un estudio que no sabe cuántas mujeres tienen diabetes de verdad. Este estudio no se pregunta cómo proteger a los bebés de madres que ayunan durante el embarazo; se pregunta cómo adaptar los protocolos para no incomodar la religión a pesar de ésta exime de hacer ayuno. La propuesta de los científicos catalanes es que el bebé espere a que el calendario religioso sea más conveniente para su salud.
El estudio propone adaptar el calendario médico al Ramadán
Los autores han publicado un estudio riguroso en una revista internacional. Han identificado un problema real: los niveles de glucosa de las embarazadas que ayunan durante el Ramadán alteran los resultados de las pruebas. Y han propuesto la solución que nadie molesta: aplazar las pruebas. El bebé, que no lee revistas científicas ni entiende de protocolos, seguirá creciendo en un entorno metabólico que ningún médico recomendaría.
Sin embargo, el estudio tiene una limitación clave: los investigadores no saben si las mujeres analizadas ayunaban realmente. La base de datos sanitaria utilizada no registra si las embarazadas practican el ayuno, por lo que el análisis asume que muchas lo hacen simplemente porque la prueba coincide con el Ramadán. En realidad, el estudio no mide el ayuno sino el calendario: compara pruebas realizadas durante el Ramadán con pruebas realizadas el resto del año y atribuye las diferencias al ayuno. Esto convierte al Ramadán en un indicador indirecto -no en una prueba- del comportamiento real de las pacientes.
En la práctica, el estudio no mide el ayuno sino el calendario, ya partir de este indicador indirecto propone adaptar los protocolos médicos. La pregunta que queda en el aire es sencilla: ¿recomendarían estos mismos investigadores a una embarazada pasar 14 horas sin comer ni beber? Si la respuesta es no —como diría cualquier médico— quizá el debate no sea cuándo hacer la prueba, sino si este ayuno es compatible con un embarazo saludable.
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