Najat El Hachmi: «La sociedad catalana no ayuda a las mujeres a quitarse el velo»

Najat El Hachmi denuncia el silencio y la falta de apoyo frente al fundamentalismo islámico en Catalunya.

La escritora Najat El Hachmi ha sido entrevistada este domingo 30 de marzo en el programa Vía Libre de RAC1 con motivo de la publicación de su primer libro juvenil: Los secretos de Nur. Pero más allá del libro, la autora ha aprovechado para realizar una denuncia contundente sobre la situación de muchas chicas adolescentes de origen musulmán en Catalunya.

Najat El Hachmi decidió escribir Los secretos de Nur al ver que muchas niñas de origen inmigrante viven todavía lo mismo que ella sufrió hace décadas. Situaciones como no poder ir de colonias, evitar la piscina o no salir solas por la calle siguen siendo habituales. A través del personaje de Nur, una niña que quiere ser escritora, Hachmi da voz a esta realidad silenciada. Denuncia una doble opresión: por un lado, la discriminación de la sociedad de acogida; por otro, el control y las restricciones en el ámbito familiar y religioso. Según la autora, estas niñas se encuentran entre "dos fuegos cruzados", y lamenta que la clase política y la sociedad en general miren hacia otro lado.

El fundamentalismo es fascismo

El fundamentalismo islámico es un fascismo", afirma contundente. "Es una manera de someter a las personas a dictados rígidos, donde toda la vida gira en torno a una religión literalista." Hachmi insiste en que este islamismo radical no tiene nada que ver con el islam tradicional: “Es un islam inventado en el siglo XX.”

Según la autora, una de las derivas más peligrosas es convertir al islam en la única identidad válida para las personas de origen musulmán. “El islam se convierte en una nación. Ya no es una creencia personal, sino un sistema de lealtad absoluta.

A su juicio, este islam radical ha secuestrado la representación de la comunidad musulmana en Catalunya, y es quien domina las organizaciones y el discurso público.

El velo como herramienta de opresión

A diferencia de lo que sostienen muchos discursos progresistas, El Hachmi rechaza frontalmente el uso del velo. “Es un símbolo del machismo institucionalizado en forma de religión", dice. No es una prenda cualquiera, ni un signo de identidad. Es una herramienta de control, de sumisión, una barrera física y simbólica entre la mujer y el mundo."

Uno de los momentos más desgarradores de la entrevista es cuando afirma: “La sociedad de acogida no ayuda a las mujeres a quitarse el velo.” Y lo dice en un contexto de normalización del velo islámico en Europa, que considera hipócrita: "Si no puedes quitarte el velo libremente, entonces no es una elección."

Las prohibiciones que estas niñas reciben -ir de colonias, bañarse, vestirse como quieren- a menudo se justifican en nombre de la religión o la tradición. Pero lo que hay realmente detrás es una forma de fundamentalismo que no sólo no recibe oposición, sino que encuentra una complicidad cómoda en el buenismo político e institucional.

El silencio cómplice del progresismo

La denuncia más grave llega cuando habla del precio personal que ha tenido que pagar por expresar sus opiniones. “A mí me han señalado públicamente por islamofobia", explica. "Tengo que tomar muchas precauciones. No soy el Salman Rushdie, pero tengo cuidado.”

Para muchas chicas de origen musulmán, crecer en Catalunya no significa ser más libres. Por el contrario: a menudo viven atrapadas entre dos paredes. Una, la de su casa, que les impone normas distintas a las de sus hermanos hombres. La otra, la de una sociedad que no se atreve a defenderlas. “El lugar donde deberías sentirte más segura —la familia— te limita. Pero la sociedad que debería protegerte, calla”, denuncia la escritora.

El buenismo condena a la mujer musulmana al papel que quieren los islamistas", afirma El Hachmi. Según ella, una parte importante de la izquierda y de las instituciones catalanas ha preferido no incomodar a los sectores islamistas en nombre del respeto cultural. Esto, lejos de proteger la diversidad, perpetúa el machismo y la segregación.


Ella no habla desde el desconocimiento ni la intolerancia. Es musulmana, ha crecido envuelta de fe, pero también de presión patriarcal. Por eso se muestra contundente contra el uso del velo entre las niñas y adolescentes: “En el mundo musulmán, cuanto mayor te haces, menos libre eres. El velo no es el principio de nada. Es el final”.
Ambas paredes: la casa y la sociedad. Una sociedad que no ayuda a nada.

El fundamentalismo no viene de fuera

Hachmi rompe otro tópico: el fundamentalismo no viene de fuera. Nace y se consolida aquí, en las ciudades, en los barrios, en las asociaciones. “En mi pueblo, en el norte de Marruecos, el fundamentalismo era visto con recelo. Cuando llegaron los barbudos que querían prohibir la música, la gente los rechazaba. Aquí, en cambio, se les ha dado voz y representación.”

Hoy, en Catalunya, las organizaciones que dicen representar a los musulmanes están, en muchos casos, dominadas por sectores islamistas. No sólo controlan el discurso religioso, sino también el social. Son quienes señalan, marginan y expulsan a las mujeres que, como Najat, se niegan a aceptar los roles impuestos. “Yo no soy el Salman Rushdie, pero tengo cuidado”, admite.

No piensa callar

Para Najat El Hachmi, la batalla es cultural, educativa y política. Hace falta valentía para romper silencios, para defender derechos universales, para denunciar al machismo venga de donde venga. "El fundamentalismo islámico lo he conocido aquí, en nuestro país. Y lo más triste es que muchas de las mujeres que quieren huir no encuentran ni siquiera una mano amiga al otro lado."

Los secretos de Nur cuenta la historia de una niña de 12 años que quiere ser escritora y que empieza a darse cuenta de las injusticias que le rodean. “Es mi forma de seguir luchando”, dice la autora. "Yo seguiré escribiendo libros."

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