Barcelona promueve el velo islámico en la publicidad institucional por jóvenes
La imagen para fomentar la participación en los casals de barrio incluye a una chica con vestimenta religiosa. El Ayuntamiento transmite así que la sumisión al islam forma parte de la identidad de los jóvenes barceloneses.
La nueva campaña de las casas de barrio del Ayuntamiento de Barcelona incorpora la imagen de una chica con hiyab en un entorno cotidiano y normalizado. El objetivo de la iniciativa es atraer al público joven a los casales presentándolos como espacios de encuentro y participación en los barrios, con una imagen pensada para conectar con perfiles religiosos.
La campaña «pasad, pase» se ha desplegado en diferentes canales con el objetivo de ganar visibilidad en toda la ciudad. Tiene presencia en soportes de publicidad exterior, transporte público, redes sociales y radio. Con esta amplia difusión, el Ayuntamiento quiere llegar al máximo número de personas y reforzar la presencia de los casales de barrio en el espacio público y mediático.
La religión como reclamo de la acción “comunitaria”
El relato institucional hace hincapié de manera explícita en la dimensión “comunitaria” de los casals, hasta el punto de convertirla en eje central del discurso. Se habla de acción comunitaria, de bienestar y cuidados comunitarios y de espacios orientados a la cohesión social. En este contexto, l la presencia del hiyab en la campaña encaja plenamente en una lógica que presenta a la sociedad como una suma de comunidades religiosas. El resultado es que el Ayuntamiento contribuye a legitimar simbólicamente determinadas prácticas sin cuestionar su significado ni sus implicaciones.
Además, la imagen cumple una doble función. Por un lado, actúa como reclamo para una parte de la población musulmana, a quien se quiere interpelar directamente. Asimismo, también es un mensaje también puede leerse como un mensaje a familias más conservadoras que ven con recelo estos espacios. Con la incorporación del hiyab transmiten que no cuestionarán determinadas referencias culturales o religiosas. La idea es que los casals son un espacio seguro donde nadie pondrá en duda ni discutirá ninguna práctica, sino que quedarán plenamente normalizadas.
Por otro, la normalización del hiyab funciona también como un mensaje hacia todos los ciudadanos: se presenta como completamente normalizado, exento de conflicto y como una expresión de la modernidad. Así, la campaña no sólo busca atraer, sino también fijar un marco mental en el que el velo religioso queda fuera de cualquier cuestionamiento , integrado plenamente en el espacio público e institucional.

El hiyab no es casual: es el “modelo comunitario” que impulsa el Ayuntamiento
La presencia del hiyab en la campaña no es una decisión aislada ni meramente estética. Responde a un marco conceptual que el Ayuntamiento fijó en la medida de gobierno de los casals de barrio 2025-2027. En este documento, la palabra “comunitario” aparece de forma constante. El modelo transforma así los centros en plataformas de organización comunitaria en lugar de ser equipamientos al servicio de personas individuales. Todo esto es sin que el documento establezca ningún límite explícito en términos de valores, laicidad o criterios de convivencia. Este modelo da un papel central a entidades y actores no institucionales, que acaban definiendo en gran medida el contenido real de los centros.
Este planteamiento tiene consecuencias directas en la forma en que se representa la realidad desde las instituciones. Cuando el centro de la acción pública deja de ser el ciudadano individual y pasa a ser la "comunidad", el siguiente paso es incorporar y visibilizar aquellos elementos que identifican a estos colectivos. Y entre todas las posibles comunidades que podrían representar en el cartel han escogido únicamente a la musulmana rodeada de personas que no se sabe qué religión siguen. Así, el hiyab encaja perfectamente como símbolo reconocible de una comunidad concreta y deja fuera la posibilidad de ser musulmana y no llevar el pañuelo. No se trata sólo de reflejar una realidad social, sino de normalizarla e integrarla en el relato institucional, hasta el punto de convertirla en parte del paisaje habitual de la comunicación pública.
La segregación de género en los casals de Barcelona
En octubre de 2025, dos trabajadores de ocio del Raval denunciaron públicamente que en las actividades de los casales se practicaba la segregación de género. En el acto de presentación de la entidad Por Elles explicaron que en algunos casals se acabó asumiendo la segregación de género como condición para que las chicas musulmanas puedan participar. Según su testimonio, aun así, muchas adolescentes dejan de asistir a actividades mixtas -como juegos, deportes o refuerzo escolar- mientras sus hermanos siguen participando con normalidad.
La entidad Por Ellas se creó precisamente para denunciar vulneraciones de derechos humanos que afectan a chicas musulmanas del Raval. La segregación en los centros sólo era una parte del problema que expusieron. Durante el acto, también advirtieron que estas dinámicas se extienden a institutos públicos del barrio, donde se aplican medidas de islamización bajo la etiqueta del respeto cultural. Estas denuncias apuntan a una realidad más amplia que va más allá de un solo espacio y que cuestiona hasta qué punto las instituciones están implicadas en el fomento de prácticas ajenas a la cultura occidental.
Tras exponer estos hechos por los canales institucionales y llevar la denuncia hasta el Síndic de Greuges, ambos fueron despedidos. Su experiencia apunta a un problema que se tiende a minimizar o invisibilizar: la adaptación de equipamientos públicos a normas de segregación que limitan la libertad de las chicas. En este contexto, la imagen del hiyab en una campaña institucional refuerza la idea de que las instituciones de Barcelona continuarán sin hacer nada por ayudar a las chicas que rechazan el control familiar que denunciaban desde Per Elles.
La campaña de los casals de barrio no se proyecta sólo una acción de promoción de equipamientos municipales, sino también una declaración implícita sobre el modelo de convivencia "comunitaria" que se quiere construir. La decisión está tomada y se ha decidido que los espacios públicos deben adaptarse a determinadas dinámicas en lugar de ser un referente claro de los valores que dicen defender.
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