Un posgrado vinculado a la UAB incluye a la banquera islamista Najia Lotfi como docente
Najia Lotfi es ex diputada de un partido marroquí con vínculos ideológicos con los Hermanos Musulmanes. Ahora aparece como docente del Postgrado en Economía Social y Solidaria, vinculado a la UAB como título propio y con financiación de la Generalitat.
El Postgrado en Economía Social y Solidaria - Estudis Cooperatius es una formación de nueve meses de duración que quiere formar profesionales y activistas del cooperativismo. El posgrado lo coordina, diseña, gestiona y organiza la cooperativa La Ciutat Invisible. Varios representantes de entidades del sector cooperativo colaboran con sesiones, talleres o visitas. Y una de ellas es la exdiputda marroquí Nafia Lofti del banco islámico CoopHalal de Barcelona.
El papel de la UAB es el de otorgar reconocimiento académico al posgrado como título propio. Lo hace a través del Instituto Territorio metropolitano, un consorcio con participación universitaria. La universidad no imparte directamente la formación, ni la asume como titulación oficial, ni reconoce los créditos, pero pone el sello para dotar de prestigio a la titulación. Por su parte, la Generalidad de Cataluña asume la financiación principal mediante subvenciones públicas, lo que garantiza la viabilidad económica del programa.
Najia Lotfi y la introducción de las finanzas de la sharia
En este contexto universitario, destaca la presencia de Najia Lotfi como docente del posgrado. Lotfi es presidenta de CoopHalal, un banco con forma de cooperativa dedicada a la promoción de las finanzas islámicas. Comercializa productos como las hipotecas islámicas basadas en los principios de la sharia que convierten al cliente en inquilino. El principal reclamo de este producto es que se presenta como una alternativa ética al sistema hipotecario convencional por carecer de intereses. Esta supuesta ética no se fundamenta en criterios universales o laicos, sino en que la operación cuenta con el aval de un comité de expertos en sharia. Es ese aval confesional el que se utiliza como garantía moral ante los clientes, y no principios compartidos de justicia social, igualdad o derechos civiles.
Su trayectoria profesional y pública se ha centrado en presentar la economía islámica como una alternativa ética al sistema financiero convencional. En su discurso, el producto es "ético" no porque cuestione el modelo financiero sino porque subordina la actividad económica a una autoridad religiosa que es ética por definición porque proviene de Alah y su Profeta. En sus reclamos publicitarios el punto de partida es advertir al creyente de que recurrir a la banca convencional es pecado.
La utilización de la religión como mecanismo de presión moral para captar ahorros es un elemento central del relato público de CoopHalal, tal y como muestran sus propios vídeos promocionales. La idea central es que acudir a la banca convencional constituye un pecado grave porque incluye intereses. Tras la advertencia espitirual, el discurso ofrece la solución: recurrir a productos financieros certificados por la sharia como única vía moralmente aceptable. A partir de ahí, cualquier análisis económico o de riesgo queda anulado porque la prioridad es hacer las cosas según lo transmitido Allah hace 1400 años.
Economía religiosa en el mundo de la economía social
La economía social y solidaria se fundamenta en principios como la igualdad, la democracia económica, la laicidad institucional y la emancipación social. La economía islámica, en cambio, parte de un marco religioso normativo que subordina la actividad económica a preceptos confesionales. Asimilar ambas realidades bajo una misma etiqueta de ’economía ética“ implica normalizar una economía basada en criterios religiosos dentro de un espacio que se presenta como universal, inclusivo y laico.
La incorporación de un perfil religioso como el de Najia Lotfi en un posgrado vinculado a la UAB es el último episodio de un proceso de blanqueo institucional que no es nuevo: El Ayuntamiento de Barcelona hace tiempo que integra CoopHalal con total normalidad dentro del ecosistema de la Economía Social y Solidaria. Esto implica presentar las finanzas islámicas como una opción tan válida como el resto en actos, ferias o formaciones. Esta integración institucional le ha dado acceso a promoción pública, soporte, subvenciones y espacios de legitimidad a un proyecto financiero basado en criterios religiosos.
Entrismo religioso musulmán con dinero público
Lo que se está produciendo no es un simple caso de pluralidad económica, sino un fenómeno de entrismo islámico: está penetrando en un proyecto ideológico en estructuras públicas a través de un lenguaje amable de ética, cooperativismo y economía social. En este marco, Najia Lotfi no aparece como una activista de base, sino como una dirigente formada y situada: proviene de un entorno acomodado de Marruecos, fue diputada de un partido islamista con vinculación ideológica con los Hermanos Musulmanes, tiene una elevada formación universitaria y opera con capital, estructura e influencia.
Esta operación de legitimación tampoco es nueva en el ámbito social y solidario. Najia Lotfi es una expat pero la han presentado en espacios públicos de la economía social catalana como “migrante emprendedora” junto a personas que han vivido realmente la precariedad, la irregularidad administrativa o la exclusión económica. Este desplazamiento del relato permite insertar un proyecto financiero confesional e ideológico en espacios pensados para proteger a los más vulnerables y diluir las diferencias de clase.
La presencia de Najia Lotfi como docente del Postgrado en Economía Social y Solidaria no es algo aislado, sino el último capítulo de una secuencia de señales claras que apuntan hacia la normalización de la presencia religiosa confesional en la economía social catalana. Cuando universidades y administraciones asumen este marco sin debate ni límites, lo que se pone en juego no es la diversidad, sino el propio sentido de un espacio que debía ser laico, social y universal.
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