¿Quién es Najia Lotfi? De limpiar escaleras a banquera halal
De diputada de un partido religioso en Marruecos a figura influyente en la izquierda laica catalana. Najia Lotfi es defensora del burka y promotora de un proyecto económico religioso con apoyo público.
Najia Lofti nació en Guercif (Marruecos) y se formó académicamente en la Universidad Mohamed I, donde obtuvo una licenciatura en Economía Internacional entre 1992 y 1996. Entre 1997 y 2002, afirma haber fundado y dirigido en Marruecos una academia privada de informática y gestión económica (ESS la información. Tras el cierre de la academia, explica que intentó continuar su carrera académica, pero que se topó con dificultades institucionales para acceder a estudios de doctorado.
Es en este contexto que sitúa su decisión de marcharse a Europa en 2002, primero en Francia y posteriormente en Cataluña, no como una migración por necesidad inmediata. Cuenta que salió de Marruecos como una apuesta personal por reorientar su trayectoria académica y profesional fuera de Marruecos y por dejar huella como musulmana en Occidente.
Primeros años en Cataluña: precariedad y perseverancia religiosa.
Una vez en Cataluña, Lofti afirma que su objetivo principal era reanudar una carrera académica que, según ella, había quedado bloqueada en Marruecos. En Barcelona se inscribe en la Universidad de Barcelona, donde cursa entre 2005 y 2008 un Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en economía. En su perfil profesional, este itinerario aparece formulado como “Diploma de Advanced Studies in Economics, Islamic Economics and Finance”, una denominación que no corresponde a ningún título oficial ni programa específico existente en la UB. Este detalle es relevante porque muestra cómo, ya en esta etapa, el relato académico se construye con una terminología que tiende a reforzar simbólicamente su especialización, más allá del marco institucional real.
En esa época, Lofti explica que vivió en situación administrativa irregular durante sus primeros años en Cataluña, lo que le obligó a aceptar trabajos precarios, especialmente en el sector de la limpieza, para poder subsistir y pagar la universidad. En este contexto, el velo islámico se convierte en un elemento central de su relato: afirma que compañeras y personas de su entorno le sugerían que se le quitara para facilitar el acceso al trabajo, propuesta que rechazaba de manera sistemática. Esta decisión, que a su juicio le cerró oportunidades laborales, no es interpretada como una discriminación estructural ni como un conflicto con el mercado de trabajo, sino como una prueba enviada por Alá. La precariedad, la irregularidad y la renuncia a ingresos son presentadas como exámenes espirituales asumidos conscientemente, consolidando un discurso en el que la fidelidad religiosa prevalece sobre cualquier estrategia de adaptación al contexto social y laboral europeo.
Trabajo en la asociación Ibn Battuta: de la marginalidad a la interlocución institucional
Entre 2007 y 2012, Najia Lofti trabaja en la Asociación Ibn Battuta, una entidad central del tejido asociativo migrante en Barcelona y muy bien conectada con el poder de Marruecos. En su relato, esta etapa marca el paso de la precariedad individual a la inserción en una estructura organizada con acceso a programas públicos y capacidad de interlocución institucional. Ibn Battuta le proporciona estabilidad laboral, visibilidad y un primer reconocimiento dentro del circuito asociativo subvencionado.
Lofti presenta este período como la base de su aprendizaje asociativo: gestión de proyectos, relación con administraciones y dominio del sistema de subvenciones. Cuando en 2012 la entidad ve reducida la financiación pública la despiden pero explica que no lo vive como un fracaso, sino como una oportunidad para dar el salto hacia proyectos propios. Este capital acumulado le permite moverse posteriormente en espacios como SAFI, plataforma con incidencia en las políticas antidiscriminación durante los años de gobierno municipal de Ada Colau.
Con 3.000 € y Ada Colau funda un banco islámico en Barcelona
En 2015, Najia Lofti impulsa la creación de CoopHalal con un capital inicial de 3.000 euros, aportados por seis socios —españoles y marroquíes— que contribuyen con 500 euros cada uno. Aunque no es formalmente un banco, el proyecto se presenta públicamente como una forma de “banca islámica” operando en Barcelona, lo que le otorga una fuerte carga simbólica y mediática. Lofti vincula el origen de la iniciativa a su etapa académica y la presenta como una respuesta a necesidades específicas de la comunidad musulmana, pero el salto decisivo es su conversión en proyecto propio estable después de la salida del mundo asociativo subvencionado.

La banquera islámica y Ada Colau
Los informes en los que participa Lofti proponen medidas concretas que desplazan el principio de neutralidad: recomiendan habilitar oratorios en centros de trabajo y equipamientos públicos, facilitar tiempo específico dentro del horario laboral para que los trabajadores musulmanes recen, e interpretar como discriminación —es decir, islamofobia— no adaptar espacios, horarios o dinámicas internas a la práctica religiosa. Este enfoque convierte la acomodación religiosa en obligación institucional y redefine el conflicto: no ofrecer facilidades para el culto ya no es neutralidad, sino vulneración de derechos.
Este período consolida a Lofti como figura referencial dentro de la constelación de entidades promovidas durante la etapa Colau, combinando activismo antirracista, gestión de proyectos subvencionados e inserción estable en las políticas públicas de diversidad. Paralelamente, sus proyectos religiosos reciben financiación pública sostenida de diferentes administraciones. En conjunto, CoopHalal obtiene 27.275€, el Instituto 25.700€ y SAFI 145.978€, provenientes de líneas municipales y autonómicas. El resultado es una doble legitimidad: Lofti gana centralidad institucional mientras sus propuestas confesionales se traducen en recomendaciones políticas, presentadas como lucha contra la discriminación.

Najia Lotfi en un acto en el ayuntamiento de Barcelona
Conservadora en Marruecos, progresista en Barcelona
Paralelamente al inicio de CoopHalal y la relación con Colau, ese mismo año 2015, Lofti da el paso decisivo hacia la política institucional marroquí entrando en el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), entonces partido de gobierno en Marruecos. El PJD es un partido de islamismo institucional, a menudo descrito por la literatura política como próximo ideológicamente a la órbita de los Hermanos Musulmanes. Defiende la centralidad de la religión como fundamento del orden social y jurídico. Lofti se integra plenamente y es elegida diputada para la legislatura 2016–2021, consolidando una proyección política que va mucho más allá de su papel previo en el asociacionismo catalán.

Najia Lotfi en el parlamento de Marruecos
El contraste entre ambos espacios es especialmente revelador. En Marruecos, Lofti se posiciona como una voz claramente conservadora, especialmente en materia de familia, herencia y derecho civil, oponiéndose a reformas que buscan ampliar derechos de las mujeres o introducir criterios de igualdad jurídica. Defiende que estos ámbitos deben regirse estrictamente por la sharia, incluso cuando esto conlleva consecuencias sociales severas, como la pérdida de la vivienda familiar por parte de mujeres divorciadas. En Barcelona, en cambio, sigue operando dentro de entornos progresistas, vinculados a políticas antidiscriminación ya la lucha contra la islamofobia, donde no es percibida como una figura ultraconservadora, sino como una interlocutora legítima. Esta doble posición -conservadora en Marruecos y normalizada en el espacio progresista barcelonés- constituye una de las tensiones centrales de su trayectoria pública.
De citar a Hitler en el aprovechamiento de los fallecidos durante la COVID
Durante su etapa como diputada (2016-2021), Najia Lofti mantiene un perfil político relativamente bajo dentro del Parlamento marroquí. Es el año 2019 cuando su nombre adquiere una visibilidad repentina a escala nacional a raíz de una polémica de alto impacto mediático relacionado con una cita de Hitler. Lofti habría publicado en Facebook una imagen de Adolf Hitler con una cita atribuida: “Si no encuentras gente que te odie, sepas que eres un fracasado”". Las informaciones describen una fuerte indignación pública y afirman que asociaciones catalanas habrían presentado una denuncia ante la Fiscalía de Delitos de Odio. A pesar del alcance mediático del caso, no se ha localizado ninguna captura verificable de la publicación ni ninguna confirmación institucional pública de la denuncia, lo que sitúa la polémica en la esfera probatoria".
La segunda polémica emerge durante la pandemia de la COVID-19, cuando Lofti, ya diputada en Marruecos y promotora de CoopHalal en Barcelona, es criticada en Marruecos por la promoción de servicios vinculados a entierros islámicos dirigidos a migrantes en un momento de emergencia sanitaria y elevada mortalidad. Varias voces señalan que estas funciones ya eran asumidas por administraciones públicas españolas y consulados, e interpretan la iniciativa como una instrumentalización económica de una situación de vulnerabilidad extrema. Ambas polémicas, a pesar de ser diferentes, ponen de relieve una constante de su trayectoria: la combinación de discurso religioso, actividad económica y proyección política, con un alto coste reputacional tanto en Marruecos como en Cataluña.
Inspiradora subvencionada de Colau en la lucha contra la islamofobia
La llegada de Ada Colau a la alcaldía en mayo de 2015 supuso situar la lucha contra la islamofobia como prioridad política. En este contexto, en 2016 Najia Lofti se incorpora a Stop Als Fenomenos Islamófobos (SAFI), una entidad alineada con la estrategia progresista del Ayuntamiento: visibilización del racismo antimusulmán, producción de informes, formación de agentes públicos e incidencia institucional.
Este período consolida a Najia Lofti como una figura referencial dentro de la constelación de entidades promovidas durante la etapa Colau, combinando activismo antirracista, gestión de proyectos subvencionados e inserción en las políticas públicas de convivencia y diversidad impulsadas desde el gobierno municipal. Lofti participa activamente en este ecosistema cívico-institucional y, además, sus dos proyectos religiosos reciben financiación pública sostenida, tanto del Ayuntamiento de Barcelona como de la Generalitat de Catalunya. En conjunto, CoopHalal obtiene 27.275€, el Instituto 25.700€, y SAFI 145.978€, provenientes de diferentes líneas de subvención municipales y autonómicas.

Portada de uno de los informes de SAFI en los que participaba Lotfi
Islamofobia es todo lo que no encaje con la visión religiosa de Lofti
En los informes y planes en los que participa Najia Lofti, el concepto de islamofobia se estira hasta convertirse en una categoría que absorbe cualquier límite, desacuerdo o fricción con la práctica religiosa musulmana. No sólo se incluyen agresiones o insultos, sino también decisiones ordinarias de funcionamiento institucional: la falta de oratorios en el trabajo, la no adaptación de horarios al ramadán, la inexistencia de menús halal o la resistencia vecinal a la apertura de centros de culto. Este marco no se limita a describir una realidad, sino que prescribe acciones concretas: formaciones obligatorias a personal público, protocolos de detección de “conductas islamófobas” y la asunción de que la neutralidad de la administración es, en sí misma, una forma de discriminación que es necesario corregir activamente.
La consecuencia más visible de ese enfoque es una obsesión por el cuerpo de la mujer musulmana, convertido en campo de batalla ideológico. Los informes recalifican como islamofobia cualquier mirada crítica sobre el velo: que un docente se pregunte si una menor le lleva por presión familiar, que un centro educativo intente regular la vestimenta o que un debate feminista interprete el hiyab como símbolo de desigualdad. El conflicto pedagógico, la discrepancia feminista o la simple duda se transforman así en violencia simbólica, quedando la mujer musulmana fijada simultáneamente como víctima absoluta y como símbolo intocable. En este esquema, discrepar es discriminar y discutir prácticas religiosas se convierte, automáticamente, en un acto de odio
El salto mediático de Lofti: “las afganas van en burka porque quieren“
En 2025, Najia Lofti protagoniza un nuevo salto mediático a raíz de su intervención en el programa Café de ideas de TVE2, invitada a debatir sobre el velo islámico en un momento en que la cuestión se ha convertido en uno de los grandes conflictos culturales de las democracias europeas. Lejos de aportar un debate crítico o matizado, Lofti defiende en la televisión pública que el burka es "más cultural que religioso" y que "las mujeres van así porque quieren", reduciendo la imposición del velo integral a una simple cuestión de interpretaciones individuales.
La afirmación es recibida como un blanqueo explícito de una práctica asociada en todo el mundo a la coerción, la violencia y la negación sistemática de los derechos de las mujeres, y consolida su imagen como portavoz de un discurso que presenta como elección lo que es una obligación impuesta con castigos físicos, penales e incluso mortales.
Influencia directa de Lofti sobre la juventud musulmana catalana
Najia Lofti ejerce una influencia directa y continuada sobre sectores de la juventud musulmana en Cataluña mediante charlas, congresos y espacios formativos de carácter confesional. En actos como el Congreso Islámico Catalán de la UCIDCAT y en encuentros dirigidos específicamente a jóvenes, Lofti defiende la necesidad de construir una identidad musulmana integral que no se limite a la práctica religiosa privada, sino que abarque la economía, la educación y la vida cotidiana. Su discurso interpela a los jóvenes a mantener una coherencia plena entre fe y vida material, presentando las finanzas islámicas y la organización comunitaria propia como herramientas centrales para preservar esta identidad en el contexto catalán. El mensaje está claro: la integración entendida como asimilación es una amenaza, mientras que la identidad diferenciada se presenta como una forma de resistencia legítima, y las finanzas islámicas son parte de esta idea.

Charla de Lotfi en la UAB
Esta influencia se ejerce también en el ámbito universitario. Lofti ha participado en charlas dirigidas a estudiantes musulmanes en la Universidad Autónoma de Barcelona, organizadas por el colectivo UMMUAB, donde expone los cimientos de las finanzas islámicas como alternativa al sistema económico occidental. En estos espacios, la economía no aparece como un campo neutral, sino como un instrumento de disciplina identitaria, destinado a crear circuitos propios ya reducir la dependencia de los jóvenes respecto a las estructuras financieras y sociales del entorno europeo.
Esta labor de influencia se refuerza con la legitimación familiar que ella misma invoca. En diversas intervenciones, Lofti afirma que aplica este modelo a la educación de sus hijos, a los que define explícitamente como marroquíes, musulmanes y árabes, y pone este resultado como prueba de una crianza “bien hecha”. Cuando afirma que, "al ver una segunda generación "arraigada a la identidad marroquí y al islam es porque los padres lo han hecho bien", transforma la experiencia familiar en criterio normativo. De este modo, su influencia sobre la juventud no se limita a la formación externa, sino que se construye como un continuum entre familia, comunidad y espacio público, donde el éxito educativo se mide por el éxito educativo se mide por el éxito educativo.
Lotfi pasea el proyecto religioso por espacios de izquierdas y ayuntamientos progresitas
Que Najia Lofti formara parte del partido más religioso e ideológicamente radical de Marruecos no es ningún problema en los ambientes de izquierdas y feministas de Catalunya. En Cataluña su proyecto se presenta desprovisto de esta genealogía ideológica y es acogido como una propuesta de ’economía ética“, sin que las instituciones ni los espacios de izquierdas examinen su contenido confesional.

Conferencia de Lotfi en un local del Ayuntamiento de Hospitalet de Llobregat
Esto significa que, en la práctica, ayuntamientos y equipamientos públicos le ceden espacios con absoluta normalidad para que realice charlas y conferencias. Lofti ha intervenido en casales cooperativos de izquierda -como La Tafanera de Terrassa- y en centros culturales municipales de Hospitalet de Llobregat, Viladecans o Canovelles. En todos estos contextos, su proyecto religioso no genera incomodidad alguna: se integra sin fricción en la agenda de la izquierda social y municipal. Nadie ve ningún problema en la defensa de una economía sometida a criterios teológicos y comités religiosos.
El punto más problemático es que Lofti no sólo divulga finanzas islámicas: las vende. Las conferencias que imparte en espacios públicos funcionan como plataformas de promoción de su propio negocio, CoopHalal, cuyo es dirigente y cara visible. Bajo el relato de la formación y la ’alternativa ética“, se produce una confusión interesada entre divulgación, activismo y actividad mercantil, con recursos y prestigio aportados por instituciones públicas. El resultado es un blanqueo institucional: un proyecto religioso y confesional hace negocio mientras recorre espacios de izquierdas y ayuntamientos con el aval implícito de la diversidad y la economía social.

Lotfi con Espadaler
El negocio de Naji Lofti es vender hipotecas que no ofendan Alá
El negocio de Najia Lofti no consiste en redirigir el dinero de los musulmanes hacia un circuito económico religioso propio, separado del sistema bancario convencional. El objetivo es explícito: evitar que el ahorro musulmán entre en lo que presenta como un sistema “impuro” y hacerlo circular dentro de un ecosistema religioso. La hipoteca “sin intereses” es una forma de asegurar que decisiones vitales pasen a ser un acto de fidelidad religiosa.
Para ello, Lofti utiliza un doble discurso calculado según el público. Ante instituciones, espacios de izquierdas y medios generalistas habla de "economía ética", "finanzas solidarias" y "alternativas al capitalismo"’, evitando cualquier referencia explícita a la sharia. En cambio, cuando se dirige al público musulmán el mensaje cambia: la banca convencional es pecaminosa, las reglas occidentales son moralmente corruptas y someterse a ellas es “ofender a Alá”. Este desprecio de fondo por las normas civiles y financieras occidentales es el verdadero hilo conductor del proyecto. La ética no es universal ni compartida: es confesional, y sirve para justificar la retirada de dinero, lealtades y decisiones vitales hacia un sistema cerrado, legitimado religiosamente y blindado frente al control externo (ver más sobre la hipoteca halal).

Najia Lotfi vendiendo hipotecas en la Diputación de Barcelona
Collboni ha metido al banco islámico de Lofti en el circuito de la economía social y solidaria
Con la llegada de Jaume Collboni a la alcaldía, el proyecto religioso y financiero de Najia Lofti no sólo no queda arrinconado, sino que da un salto cualitativo adelante. En enero de 2025, CoopHalal es incorporada formalmente a la Estrategia de la Economía Social y Solidaria de Barcelona 2030, el marco institucional que agrupa e impulsa los proyectos considerados "éticos", "inclusivos" y "centrados en las personas". Esta entrada sitúa un proyecto basado explícitamente en la sharia al mismo nivel que cooperativas laicas y bancos éticos tradicionales, dotándole de legitimidad pública, visibilidad, acceso a redes institucionales y la posibilidad de operar con las administraciones.

Najia Lotfi recogiendo un premio del mundo del cooperativismo.
El paso es especialmente relevante porque consolida lo que durante la etapa de Ada Colau se había dado principalmente vía subvenciones puntuales. Ahora, el proyecto de Lofti pasa a integrarse estructuralmente en el ecosistema municipal, con posibilidades reales de acceder a promoción, soporte técnico, colaboraciones e incluso contratación pública. En la práctica, el Ayuntamiento de Barcelona asume como economía social un negocio privado de base confesional, que utiliza una moral religiosa para regular la actividad económica y canalizar el dinero hacia un circuito propio. El resultado no es sólo simbólico: es la normalización institucional de una economía paralela en la que el criterio último sobre qué es “ético” lo establece una interpretación teológica.
El éxito de la ley islámica en el mundo de la izquierda laica y cooperativista
Por ejemplo, en la última edición de la Feria de Economía Solidaria de Cataluña, celebrada en la Estación del Norte de Barcelona, intervino en una charla sobre emprendeduría migrante presentada como una historia de superación personal. En este espacio, Lofti compartió escenario con mujeres que han vivido la precariedad en primera persona, aunque su trayectoria -exdiputada de un partido islamista de Marruecos y dirigente de un proyecto financiero millonario- la sitúa en un lugar social y económico radicalmente distinto.

La ex diputada presentada junto a inmigrantes que han prosperado
Esta presencia no es anecdótica, sino representativa de su encaje en el ecosistema cooperativo. En los mismos circuitos, Lofti ha sido invitada a actos del sector financiero ético y ha subido al escenario de los Premios CoopCat para recoger y compartir reconocimientos vinculados a proyectos financiados por CoopHalal, como la cooperativa de vivienda Somtribu. En todos estos contextos, el hecho de que su proyecto opere bajo criterios de ley islámica y esté sometido a un comité religioso no sólo no genera debate, sino que es absorbido sin conflicto bajo el paraguas de la ’economía ética“. El resultado es la normalización de un proyecto confesional dentro de espacios que se definen como laicos, transgresores y emancipadores.
El éxito de la ley islámica en el mundo de la izquierda laica y cooperativista
La última polémica en la trayectoria de Najia Lofti es su incorporación como docente en un posgrado vinculado a la Universidad Autónoma de Barcelona. Se trata del Postgrado en Economía Social y Solidaria - Estudios Cooperativos, un título propio coordinado por la cooperativa La Ciudad Invisible y financiado con dinero público de la Generalitat de Catalunya. En este marco, Lofti aparece como experta invitada para impartir contenidos sobre finanzas islámicas, integrando así un proyecto económico confesional en un espacio universitario asociado a la economía social.
La controversia se acentúa por el relato académico inconsistente con el que Lofti se presenta. En diferentes espacios públicos y materiales de difusión se autodefine como doctora, pero las referencias a su doctorado varían según el contexto: en algunos casos le atribuye a la Universidad Rey Juan Carlos, en otros a la Universidad Carlos III de Madrid. Sin embargo, no consta ninguna tesis doctoral localizable ni registrada en repositorios académicos públicos ni bases de datos universitarias. Pese a esta ausencia de verificación, Lofti es presentada y aceptada como docente en una formación universitaria con aval institucional, sin que esta contradicción parezca generar ningún filtro o debate interno.
Su presencia en el posgrado no es neutral: Lofti no acude como investigadora independiente, sino como presidenta de CoopHalal, la entidad que comercializa las finanzas islámicas que ella misma defiende. Esto introduce una confusión evidente entre docencia, legitimidad académica y promoción de un negocio religioso, ahora bajo el paraguas universitario.
De cooperativa modesta a beneficios del 6%
El relato de Najia Lofti comienza con una cooperativa pequeña, casi simbólica, pero los datos del propio Grupo CoopHalal cuentan otra historia. Según su memoria económica en el primer semestre de 2025, el proyecto ha experimentado un crecimiento exponencial en capital social, volumen de financiación y número de socios. El capital social pasa de cifras testimoniales en los primeros años a superar los 13 millones de euros en el 2025, con un salto especialmente acentuado a partir de 2022. En paralelo, el capital financiado acumulado se acerca a los 10 millones de euros, con operaciones concentradas principalmente en vivienda y licencias de taxi, dos sectores clave para captar ahorro de familias musulmanas trabajadoras y de clase media
Este crecimiento no se produce en un margen neutro, sino en un esquema que genera rendimiento. La propia documentación interna muestra una tasa de beneficios creciente, que pasa de alrededor del 1,7%–2,3% entre 2018 y 2020 hasta llegar al 6% en 2024, una cifra difícilmente compatible con el relato de simple cooperativa solidaria.
Estas cifras cierran el círculo del personaje. Najia Lofti no es solo una activista, ni una exdiputada islamista, ni una divulgadora de economía alternativa. Es la dirigente de un proyecto financiero religioso que mueve millones de euros, que crece gracias a la captación sistemática de fieles y que ha logrado insertarse sin fricción en las instituciones públicas, el cooperativismo y la izquierda laica catalana. El paso final no es anecdótico: con datos en mano, lo que se presenta como “economía ética” es ya un negocio religioso consolidado, con rentabilidad, expansión territorial y una clara voluntad de convertirse en un circuito económico propio, paralelo e ideológicamente blindado.
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