Marroquíes y otros musulmanes se plantean abandonar Quebec por las leyes que limitan el islam
Las nuevas leyes de laicidad de Quebec limitan especialmente el uso del hiyab en sectores clave. Algunos musulmanes denuncian que ese endurecimiento legal genera un clima creciente de hostilidad.
Varios testigos –incluido el de algunos marroquíes residentes en Montreal desde hace años– explican que el endurecimiento del marco legal en Quebec hace que consideren regresar a su país de origen u otras provincias del país. Según un reciente reportaje de Bladi.net, algunas personas de origen marroquí afirman que las nuevas políticas sobre laicidad han creado un sentimiento de exclusión de los musulmanes.
Aunque no existen datos oficiales sobre un flujo migratorio masivo en este sentido, estos casos observan lo que perciben como un clima cada vez menos acogedor para la visibilidad de la fe musulmana. Quebec ha hecho prohibiciones explícitas del hiyab en edificios públicos, en la publicidad institucional y ha cerrado las salas de oración en edificios oficiales y la voluntad de prohibir las oraciones en la calle.
Este endurecimiento contrasta con el discurso de organismos federales de Canadá, donde responsables contra la islamofobia del gobierno hacen demandas como salas de oración en el trabajo y donde directrices internas han llegado a recomendar evitar cafés, almuerzos o encuentros informales durante el Ramadán para no incomodar a los empleados musulmanes. El gobierno de Quebec rechaza y combate abiertamente estas demandas provenientes de Ottawa, reivindicando un modelo de laicidad estricta y la neutralidad absoluta del espacio público y laboral.
La prohibición del hiyab genera éxodo
Entre una parte de la población musulmana de Quebec, el endurecimiento del marco laico se ha traducido en una experiencia cotidiana marcada por la renuncia y la autolimitación. El caso más explícito es el que recoge Bladi.net en el artículo «Le rêve canadiense brisé». El medio cuenta la historia de Samira Laouni, una mujer de origen marroquí afincada en Montreal desde 1998, que afirma abiertamente que ella y su familia se plantean abandonar Quebec. A pesar de no trabajar en el sector público, Laouni asegura que las leyes contra el hiyab han generado un clima que describe como "irrespirable" para los musulmanes visibles. El conflicto no es una sanción directa, sino la percepción de que el Estado y el discurso público ya no quieren ninguna expresión religiosa islámica en el espacio común.
Según explica el artículo, la hija de Laouni ya se ha ido a Ottawa y su hijo tiene previsto hacerlo cuando acabe los estudios. La familia valora vender la casa y volver definitivamente a Marruecos, a pesar de llevar décadas en Canadá. El relato está claro: Quebec ha cambiado las reglas del juego, y algunos musulmanes consideran que el proyecto migratorio ya no compensa si deben esconder o reducir su identidad religiosa.
Un malestar similar aparece documentado en The Walrus, que analiza cómo la Bill 21 ha impactado especialmente mujeres musulmanas que llevan hiyab. El medio recoge casos de jóvenes calificadas que han renunciado a carreras profesionales en el sector público porque la ley les obliga a elegir entre trabajo y fe. Algunas explican que han descartado quedarse en Quebec y han buscado oportunidades en otras provincias o países donde la visibilidad religiosa no sea un obstáculo legal.
The Walrus también describe el caso de profesoras en prácticas que han abandonado oposiciones o han cambiado de trayectoria profesional al descubrir que no podrían ejercer con hiyab, así como familias que reconsideran la educación de los hijos en un entorno que perciben como cada vez más hostil en el islam visible. El texto subraya que no se trata de un conflicto puntual, sino de una acumulación de renuncias que, para algunos musulmanes, acaba haciendo inviable continuar en Quebec.
El malestar también aparece documentado en medios canadienses, aunque con un enfoque distinto. CityNews Montreal informó de que una proporción significativa de mujeres musulmanas afirmaba haber considerado abandonar Quebec por motivos laborales, especialmente a raíz de la imposibilidad de acceder a trabajos públicos si llevan hiyab. Estas informaciones confirman que la ley no es simbólica: tiene efectos reales sobre carreras profesionales y decisiones de residencia, incluso cuando no se traducen en datos migratorios masivos.
Quebec ya no negocia la laicidad
El caso de Quebec muestra con claridad qué ocurre cuando un gobierno decide fijar límites explícitos a la visibilidad religiosa y asumir sus consecuencias. Lejos de retranqueos o excepciones permanentes, el ejecutivo quebequés ha optado por reforzar la laicidad aunque esto implique incomodar a una parte de la población musulmana o provocar salidas individuales.
Pero esta decisión también cuenta con el apoyo de musulmanes que celebran un espacio público desreligiosizado y libre de presiones comunitarias. Algunos explican que la laicidad estricta les libera de la obligación de “ser los representantes del islam”, les protege frente a imposiciones internas —especialmente sobre las mujeres— y permite vivir la fe como una opción personal y no como una identidad política visible. Para estos sectores, el nuevo marco no es una exclusión, sino una garantía de igualdad frente al Estado y una frontera clara entre creencias privadas y vida cívica.
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