Francia prohíbe el libro «Yo, la joven musulmana» por fomentar la opresión de la mujer y el odio hacia Occidente.
El libro es una guía religiosa para adolescentes con dibujos de chicas sin rostro ni expresión para reforzar la anulación de la identidad individual.
Portada del libro Yo, la joven musulmana con caras sin expresión.
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El Ministerio del Interior francés ha emitido una nota por hacer público que ha ordenado prohibir la venta a menores del libro Yo, la joven musulmana escrito por Ahmad Ibn Moubarak ibn Qadhlan Al Mazru'i. Se trata de una obra dirigida a chicas adolescentes que, según la administración, contiene pasajes que pueden ’perjudicar el desarrollo físico, mental o moral de los niños y jóvenes”"e incitar a la discriminación. La resolución no se limita a la comercialización: también establece explícitamente que queda prohibido ofrecerlo o darlo a menores, así como exponerlo públicamente o promocionarlo mediante publicidad.
La decisión se basa en la ley francesa de 16 de julio de 1949 sobre publicaciones destinadas a la juventud, que permite vetar obras susceptibles de afectar negativamente a los menores o fomentar el odio. La comisión oficial de control concluyó que el libro incluye instrucciones que promueven sumisión femenina y hostilidad hacia otros grupos.
Frases del libro que han motivado la prohibición
El decreto ministerial cita textualmente varios fragmentos de la obra como justificación de la medida. Entre ellos:
- “No imito a los occidentales en sus creencias, su culto, su vestimenta, sus costumbres, sus fiestas y su comportamiento.”
- “El Profeta maldijo a las mujeres que actúan como hombres.”
- “No viajo sin un mahram (familiar cercano) y no me mezclo con hombres con los que se me permite casarme.”
- “"Mi hogar es mi paraíso, sólo salgo cuando es necesario y con el permiso de mis padres."”
- “"No me embellezco la voz delante de ellos y no les hablo excepto cuando es necesario."”
- “No escucho las consignas occidentales destinadas a manchar la imagen de la mujer musulmana.”
Antes de llegar a la prohibición, las autoridades francesas ya habían advertido formalmente al editor para que hiciera cambios que no hizo. A pesar de las promesas de modificar la edición con advertencias, prólogos contextualizadores y restricciones de difusión, las autoridades consideraron que estos compromisos no ofrecían garantías suficientes y tomaron la decisión de prohibir su difusión.
Dibujos de chicas sin cara ni expresión
Los elementos visuales del libro siguen la misma línea doctrinal que el texto. La portada presenta una figura femenina con velo amplio que cubre el cabello, el cuello y parte del rostro, dibujada con rasgos mínimos y sin expresión facial definida. La ilustración no busca realismo ni individualidad, sino que transmite una imagen genérica y simbólica: la joven aparece como una figura idealizada, discreta y despersonalizada, sin gestos ni emociones visibles. Esta estética minimalista refuerza visualmente el mensaje central del manual, que hace hincapié en la modestia, la reserva y la ausencia de exhibición personal.
Este estilo gráfico no es casual. En materiales religiosos normativos destinados a público joven, la representación sin rostro o con rasgos difuminados se utiliza a menudo para evitar la individualización del personaje y convertirlo en modelo de conducta. Así, la imagen no pretende mostrar a una persona concreta, sino a un arquetipo de comportamiento: una chica definida por su actitud obediente, su discreción y su estricta adhesión a las normas religiosas expuestas en el texto.
El libro sigue circulando a pesar de la prohibición
Pese a la prohibición de venderlo, ofrecerlo o darlo a menores y las restricciones sobre exhibición y publicidad, el libro Yo, la joven musulmana sigue circulando. Según las informaciones publicadas el mismo día de la orden ministerial, la obra puede encontrarse todavía en diferentes canales: en plataformas de internet donde se distribuye en formato digital —incluso gratuitamente en algunos casos—, en librerías especializadas y en grandes webs de comercio electrónico. Esto significa que la medida administrativa limita el acceso de los menores a nivel legal y comercial físico, pero no elimina completamente su disponibilidad real.
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