Alimentaria 2026 integra un congreso religioso islámico que promueve el halal como modelo moralmente correcto y sostenible
Alimentària 2026 vuelve a romper los límites entre religión y mercado con el IV Congreso Internacional Halal. La norma religiosa se presenta como criterio inclusivo, ético y sostenible, pero obvia el sufrimiento animal y la financiación a una religión.
Alimentaria Barcelona 2026 se celebra del 23 al 26 de marzo de 2026 en el recinto de Fira de Barcelona – Gran Vía, y es una de las principales ferias internacionales de alimentación del sur de Europa. El evento se presenta como un gran escaparate de innovación, negocio y tendencias del sector agroalimentario, con una clara vocación internacional y una fuerte proyección institucional bajo la marca Barcelona.
En este marco, la feria articula múltiples espacios y actividades orientadas a sectores concretos como el café, la pastelería o el aceite de oliva. Una de las actividades sectoriales paralelas de Alimentària 2026 es un acto de carácter religioso llamado IV Congreso Internacional Halal. Sin embargo, a diferencia del resto de espacios, el congreso halal no promueve una tecnología, un proceso productivo ni un avance científico, sino una norma religiosa confesional presentada como criterio inclusivo, ético y sostenible.

Norma religiosa en la cadena alimentaria
La introducción del halal en una feria como Alimentaria no se limita a ampliar la oferta para un segmento de consumidores, sino que incorpora una norma religiosa confesional en el corazón de los procesos productivos, logísticos y comerciales de la industria alimentaria. El halal establece criterios doctrinales que condicionan cómo se produce, se sacrifica, se manipula y se certifica un alimento, subordinando decisiones técnicas, sanitarias o científicas a una autoridad religiosa. Esta lógica implica supervisión clerical, certificación confesional y flujos económicos asociados, convirtiendo una práctica de fe en criterio operativo dentro del mercado.
Este modelo comporta también la exclusión de un elemento central de la cultura gastronómica catalana y mediterránea: el cerdo. No se trata de un ingrediente marginal, sino de un pilar histórico de la cocina, el campesinado, la industria cárnica y la identidad alimentaria del país. Sin embargo, la programación halal de Alimentària 2026 incluye showcookings halal, entre los que uno de gastronomía catalana adaptada al consumidor musulmán, organizados por el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Catalunya. En esta nueva propuesta de gastronomía catalana sin cerdo, todos los ingredientes han pagado el impuesto religioso en forma de certificado como criterio de calidad.
Lenguaje inclusivo por no hablar de religión
El discurso con el que Alimentària presenta el halal evita deliberadamente hablar de religión como sistema normativo y lo reemmarca como una filosofía gastronómica transversal, asociada a valores ampliamente aceptados como el respeto, la hospitalidad, la trazabilidad, la salud o la sostenibilidad. El halal deja de ser definido como lo “permitido” según una doctrina religiosa concreta para convertirse en un modelo inclusivo y moderno, capaz de "conectar culturas", generar oportunidades de negocio y transformar positivamente la industria alimentaria. En ese relato, la dimensión confesional queda diluida bajo una capa de lenguaje amable, emocional y aspiracional.

Esta operación discursiva se refuerza mediante testimonios de empresarios, chefs y consultores que presentan el halal como un estándar de calidad y confianza, equiparable —o incluso superior— a criterios sanitarios o científicos. Con la operación se defiende el halal como sentido común moral, lo que dificulta cualquier crítica, puesto que cuestionarlo pasa a parecer una oposición a la diversidad, a la convivencia o incluso al progreso. El lenguaje de la diversidad y la hospitalidad esconde que se trata de reordenar hábitos, procesos y valores según una doctrina concreta. El halal no se vende como lo que algunos necesitan, sino como lo que todo el mundo debería aceptar como bueno, sano y deseable.
En ese relato, el mercado juega un papel central. El halal se presenta como una oportunidad inevitable ante el crecimiento demográfico musulmán y como una adaptación pragmática a la "globalidad que vendrá". Las cifras de población, el turismo musulmán y la expansión del consumo halal se utilizan no sólo como datos económicos, sino como argumento normativo: si el mercado crece, el modelo debe asumirse.
El bienestar animal subordinado a la religión y al negocio
Uno de los puntos más problemáticos del sistema halal es el conflicto directo con los estándares de bienestar animal consolidados en Europa. El sacrificio halal tradicional exige la degollación sin aturdimiento previo, una práctica que la comunidad veterinaria y científica considera más dolorosa y estresante para el animal. Aunque existen adaptaciones parciales, el principio de fondo se mantiene: cuando el criterio científico entra en conflicto con el precepto religioso, prevalece la norma confesional. Esta jerarquía no es compatible con un discurso que presenta el halal como “modelo ético” o “sostenible”. La excepción religiosa que la ley tolera ahora se promueve institucionalmente como oportunidad económica, convirtiendo una excepción religiosa en ventaja competitiva dentro de la industria cárnica.

Esta lógica se extiende más allá del momento del sacrificio e impregna a toda la cadena alimentaria mediante el concepto de “"no contaminación"”. La certificación halal garantiza que un producto no haya sido "contaminado" por ingredientes, procesos o contactos con alimentos considerados no halal, introduciendo un lenguaje de pureza e impuridad de origen religioso en la producción industrial. La Generalitat de Cataluña, a través de PRODECA, no sólo avala este marco, sino que promueve activamente con la creación de la marca Halal Catalunya, la participación en ferias y festivales en Arabia Saudita y el acompañamiento a empresas para que adapten procesos, sacrificios y logística a esta exigencia.
La certificación halal como sistema de financiación religiosa
La certificación halal no es un simple sello informativo para el consumidor, sino uno mecanismo económico estructurado que genera ingresos recurrentes a través de auditorías, licencias, cuotas anuales y controles periódicos. Para poder operar en mercados halal, las empresas deben someterse a organismos certificadores acreditados que verifican el cumplimiento de la norma religiosa en toda la cadena productiva. Este proceso no es gratuito ni puntual: implica pagos continuados y dependencia de una autoridad que no es sanitaria ni pública, sino confesional.
El resultado es un sistema de financiación religiosa indirecta, integrado en la política de internacionalización agroalimentaria y presentado como estrategia de calidad y competitividad.
La normalización de la comida religiosa en Cataluña
La normalización del halal en Alimentària no es casualidad dado que la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona han asumido, promovido e incorporado el modelo religioso alimenticio en múltiples espacios de la vida pública y económica. La penetración del control religioso que implica el halal se extiende a los comedores públicos ya la oferta turística, con la complicidad activa de la Generalitat y sus organismos.
Esta lógica ya es visible en el ámbito educativo, donde la carne halal es para todos sean musulmanes o no y enlaza con la desaparición del cerdo de los comedores de las escuelas en nombre de la inclusión de los musulmanes. El mismo patrón se extiende en el sector turístico, con más de 1.500 hoteles en Cataluña que se ofrecen como halal, en muchos casos sin alcohol, reconfigurando la oferta de acuerdo a criterios confesionales.
Éstas no son acciones aisladas, sino una tendencia islamizadora de la vida de los catalanes: desde el alimento escolar hasta la gastronomía internacional, pasando por la política turística, la cosmética, los comedores penitenciarios, hospitalarios o universitarios. La tendencia es presentar el halal como modelo deseable, inclusivo y económicamente inevitable, con apoyo explícito de las instituciones públicas. En este relato triunfal se obvian sistemáticamente el sufrimiento animal derivado del sacrificio ritual, el desprecio hacia la cultura gastronómica catalana, el encauzamiento de recursos hacia estructuras religiosas y la segmentación del consumo según criterios confesionales.
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