El gobierno de Canadá normaliza la oración islámica durante la jornada laboral
Una investigación parlamentaria destapa que el gobierno de Canadá dispone de 934 salas de oración musulmana donde los funcionarios pueden rezar.
La cifra de las 934 salas de oración musulmana en Canadá para los funcionarios ha salido a la luz a raíz de una pregunta parlamentaria del Bloque Quebequés. Según ha publicado Blacklock's Reporter, las respuestas de los diferentes departamentos del gobierno permiten contabilizar 934 salas de oración en edificios federales. La investigación explica que el proceso de crear espacios donde poder rezar dentro de los edificios públicos durante la jornada laboral se ha realizado bajo el eufemismo de’«espacios tranquilos», presentados como salas para descansar, realizar llamadas privadas, reflexionar o, también, orar.
Sala para rezar o extraer leche materna
Un buen ejemplo de cómo se han presentado estos espacios es el del Servicio Canadiense de Inteligencia de Seguridad (CSIS). En el 2023, el organismo explicó que había creado pequeñas «salas tranquilas» para que los trabajadores pudieran estar solos, desconectar del estrés laboral y, de paso, utilizarlas también para rezar, extraer leche materna o realizar llamadas personales. Aquellas salas aparecían, pues, como espacios polivalentes dentro de su plan de accesibilidad. Un año después separó los usos y habilitó espacios diferenciados para la oración y para la lactancia. Lo que había comenzado como una sala genérica de descanso acababa convirtiéndose también en una sala específica para rezar.
Y el proceso no se detuvo ahí. En su informe público de 2024, el CSIS explica que también va ampliar las salas de oración para poder acoger a más personas durante las festividades religiosas.
Algunos departamentos reconocen abiertamente el uso religioso de las salas. Transporte Canada, por ejemplo, declara disponer de 63 espacios que pueden servir para mantener conversaciones privadas, descansar, reflexionar, colaborar informalmente o orar. El Servicio de Fiscalía Pública declara 31 y la Oficina del Consejo Privado, 21. Health Canada suma 101 salas, aunque evita clasificarlas específicamente como salas de oración y las denomina «salas de bienestar» o «salas tranquilas».
Y la cifra de 934 tampoco incluye todos los espacios disponibles. Otras 306 salas abiertas al público, ubicadas principalmente en oficinas de pasaportes y de Seguros de Empleo, quedaron excluidas del recuento final. Si se añaden, la documentación permite identificar 1.240 espacios gubernamentales donde este tipo de uso es posible.
La dimensión que ha adquirido esta política es especialmente visible si se compara con los datos conocidos hasta hace pocos años. En 2023, La Presse explicaba que el gobierno federal había habilitado, desde 2015, unas 52 salas multiconfesionales repartidas en 46 edificios. Tres años después, la investigación parlamentaria permite localizar 934 salas de oración o «espacios tranquilos» en dependencias federales. Ambas cifras no corresponden exactamente a la misma categoría administrativa, pero muestran hasta qué punto se ha generalizado la disponibilidad de espacios en los que se puede rezar dentro de los edificios gubernamentales.
La presión de los musulmanes para rezar en el trabajo
La proliferación de estos espacios no se entiende sin la presión ejercida en los últimos años por representantes y redes de funcionarios musulmanes. Una de las figuras clave ha sido Amira Elghawaby, nombrada en 2023 primera representante especial de Canadá para la lucha contra la islamofobia. Durante su mandato defendió que la falta de adaptaciones para las prácticas religiosas musulmanas podía constituir una forma de islamofobia, y reclamó facilidades para que los trabajadores pudieran rezar durante la jornada laboral.
A esta presión se sumó la Muslim Federal Employees Network (MFEN), una red interna de funcionarios musulmanes creada en el 2021. El grupo elaboró una guía para los directivos donde recordaba que los musulmanes tienen cinco oraciones obligatorias al día y que, según la época del año, hasta tres pueden coincidir con una jornada laboral convencional de nueve de la mañana a cinco de la tarde. La misma guía indicaba que cada pausa de oración puede durar habitualmente entre 10 y 15 minutos. El propio gobierno canadiense acabó incorporando esta guía entre los recursos oficiales de gestión de personal.
En 2025, Elghawaby preparó cartas dirigidas a los directores de oficinas públicas a raíz de las preocupaciones planteadas por esta red. Las demandas no se limitaban a rezar: también reclamaban flexibilidad horaria y otras adaptaciones para que las prácticas religiosas musulmanas pudieran encajar dentro del funcionamiento ordinario de los organismos públicos.
Ahora, a raíz de la polémica sobre las 934 salas, Elghawaby ha respondido a X defendiendo que estas adaptaciones forman parte de las obligaciones de derechos humanos del gobierno federal. En un mensaje a X ha escrito: “¡Noticias de última hora! ¡El gobierno federal está cumpliendo sus obligaciones en materia de derechos humanos para con los funcionarios públicos! ¡Y aparentemente yo soy la culpable! ”"La respuesta es reveladora porque sitúa las salas de oración y las adaptaciones religiosas no como una opción administrativa discutible, sino como una exigencia derivada de los derechos humanos".
No era una tradición de Canadá: se introdujo como una «acomodación»
La presencia de salas de oración en los edificios públicos no forma parte de ninguna tradición histórica de la administración canadiense. El origen es mucho más reciente y aparece ligado a las políticas de acomodación religiosa en el puesto de trabajo. Una guía de la Comisión de la Función Pública ya recogía hace aproximadamente una década el caso de una trabajadora musulmana que preguntaba si el organismo disponía de una sala de oración. El organismo no tenía ninguna, pero los responsables crearon una «sala de silencio» para que los trabajadores pudieran utilizarla para rezar y para atender otras necesidades personales como llamar por teléfono o pensar.
Sin embargo, con los años esta solución puntual se ha normalizado y refinado. Primero organismos públicos crean «salas tranquilas» pero expresamente aptas para la oración: los trabajadores musulmanes dejan ejemplares del Corán, alfombras y señalan La Meca. El resultado es que una sala presentada como espacio neutro acaba adquiriendo en la práctica todos los elementos de un pequeño espacio de culto islámico.
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