Un restaurante de Londres “orgulloso de no servir halal” cierra por el acoso de los musulmanes
El propietario denuncia a X que cierra por el acoso online, ataques y disturbios por parte de paquistaníes ofendidos por el rótulo “orgulloso de no servir halal”
Según informa el Hindustan Times, propietario del restaurante indio Rangrez de Hammersmith, Londres, ha anunciado el cierre de su establecimiento después de 16 años de actividad. En un mensaje publicado en X, el restaurante explica que la decisión ha sido forzada por una combinación de presiones económicas, el acoso por no servir a halal y la pasividad de la policía.
El propietario señala directamente a los paquistaníes como responsables de los repetidos ataques físicos y el acoso online que ha sufrido el local. También y acusa a la Policía Metropolitana de Londres de no haber actuado para detenerlo. Cuenta que todo ello se ha desatado a raíz del rótulo que preside su restaurante: «Orgullosos de no servir halal».
Disturbios en la puerta por no servir halal
La decisión de no servir carne halal no fue improvisada ni escondida: el propietario la exhibió orgullosamente en la fachada del local. Fue precisamente ese rótulo el que convirtió al Rangrez en diana de una campaña de acoso online y de incidentes físicos ante el restaurante. En uno de los vídeos difundidos en las redes, se puede ver al propietario en un enfrentamiento acalorado con un grupo de personas a las puertas del local, en una discusión originada por la negativa a servir comida halal.
El establecimiento, regentado por el propietario y su esposa durante casi dos décadas, había construido una clientela fiel en el barrio de Hammersmith. Pero el acoso sostenido fue minando la viabilidad del negocio hasta hacerlo insostenible. Al despedirse, el propietario quiso agradecer públicamente a los clientes que le han acompañado: «Gracias a todos los clientes genuinos que nos han apoyado a lo largo de los años. Siempre agradecidos».
Se lo dice en la cara: “no vendo halal”
El propietario publicó en X un vídeo donde se le ve en un enfrentamiento acalorado a las puertas del restaurante con un grupo de personas que le recriminaban su actitud. En un momento de la discusión, se dirige directamente a los presentes y les estalla sin tapujos: «Estoy orgulloso, no vendo halal».
Horas antes, el propietario había compartido en X otro vídeo que mostraba a agentes de la Policía Metropolitana en las instalaciones del restaurante. Lejos de sentirse protegido, acusó a la policía de haberse puesto del lado de los manifestantes. «Cuando llamaron a la Policía Metropolitana, llegaron agresivamente y tuve que echar a la policía», escribió. En el vídeo se escucha como llama directamente a un agente: «¡Deshágase, idense!». Cerró la publicación reiterando su postura: «El restaurante Rangrez no venderá halal».
«Si ellos pueden anunciar que vienen halal, yo puedo anunciar que no vendo»
El propietario aprovechó las redes para realizar una reflexión que ha resonado entre muchos de sus seguidores. En su barrio de Hammersmith, como en muchos otros barrios de Londres, es habitual ver carteles de «halal certified» a las puertas de numerosos establecimientos sin que nadie ponga objeción. Para él, la pregunta es obvia: ¿por qué las mismas reglas no se aplican en ambos sentidos?
«Si los musulmanes pueden exhibir rótulos halal fuera de sus restaurantes en Reino Unido sin sufrir odio ni abusos, ¿por qué yo, como sij, estoy siendo insultado y atacado por los musulmanes para exhibir “Orgullosamente, no vendemos halal”?», cuestionó públicamente. Y añadió: «Durante el mes sagrado del Ramadán, me intimidan, insultan y me odian». Unas palabras que apuntan directamente al contexto en el que se han producido los incidentes y que ponen sobre la mesa una denuncia doble estándar en el trato que reciben las distintas comunidades religiosas en Reino Unido.
Pese a la firmeza con la que el propietario ha defendido públicamente su postura, la presión ha podido más. Tras 16 años sirviendo cocina india a Hammersmith, ha anunciado el cierre del Rangrez. Lo que debía ser un negocio familiar de por vida se acaba no por falta de clientes ni de calidad, sino por el acoso sostenido que ni la policía ni las autoridades locales han sabido o querido detener. Una rendición que, para muchos, es también una derrota de la libertad de empresa frente a la intimidación.
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