El islam es refugio para pederastas en las cárceles británicas
Depredadores sexuales de menores británicos se convierten en el islam para recibir aprobación y protección de las bandas islamistas.
Un informe encargado por el diputado conservador Robert Jenrick revela un fenómeno tan inquietante como revelador: presos condenados por abusos sexuales a menores se están convirtiendo en el islam en la cárcel. Lo hacen como estrategia para protegerse de la hostilidad generalizada de otros internos. Lejos de ser una conversión espiritual sincera, se trata de una vía para ganar el apoyo y protección de bandas islamistas radicalizadas que operan dentro de los centros penitenciarios.
Conversión táctica, no espiritual
“La jerarquía carcelaria siempre ha sido clara: los abusadores de menores son el más despreciado del sistema", explica Acheson. "Tradicionalmente debían ser aislados para protegerse de represalias. Ahora los vemos integrados en las zonas comunes porque cuentan con la protección de bandas musulmanas" Esta nueva realidad da la vuelta a las reglas no escritas del mundo carcelario británico , donde los pederastas han sido históricamente despreciados y expuestos a represalias violentas .
Esta protección no es gratuita ni casual. Según Acheson, muchos presos se convierten en el islam no no por creencia, sino por interés: a través de esta nueva identidad religiosa, consiguen legitimarse y asociarse con grupos que tienen fuerza e influencia en la cárcel. Así, el islam no sólo ofrece un paraguas espiritual, sino una estructura de poder y protección para quienes, de otra forma, serían objeto de violencia y ostracismo.
La conversión al islam, en ese contexto, actúa como un escudo. Lejos de tratarse de un acto de fe, Acheson advierte que es una maniobra táctica para esquivar la violencia y ganar legitimidad bajo el ala de grupos islamistas con influencia creciente en las cárceles.
Una peligrosa alianza en un sistema vulnerable
Esta situación genera una contradicción moral y una tensión creciente en el sistema penitenciario británico. Por primera vez los condenados por actos especialmente repulsivos contra los niños pueden sortear el aislamiento y vivir en zonas comunes aprovechándose del respeto que generan ciertos grupos islamistas radicales.
Aunque el fenómeno se presenta como una cuestión de estrategia personal por parte de los pederastas, la existencia de bandas islamistas que actúan como protectoras en las prisiones pone en evidencia la falta de control institucional. Según el informe encargado por el diputado Robert Jenrick, la radicalización islamista y la presencia de delincuentes sexuales bajo su paraguas crean una combinación potencialmente explosiva.
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