La Generalitat quiere que haya salas de oración en las empresas para que los musulmanes puedan rezar.
Una guía oficial recomienda facilitar espacios para rezar, adaptar horarios y permitir que las creencias religiosas musulmanas condicionen la organización del trabajo.
Imagen ilustrativa // IA
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La Generalitat de Catalunya promueve que las administraciones públicas y las empresas adapten su funcionamiento a las exigencias religiosas, amparándose en el discurso de la diversidad, la interculturalidad y la libertad religiosa. Este discurso incluye el cristianismo, el islam, el judaísmo, el sijismo, el hinduismo y otras confesiones. Pero cuando se concretan las adaptaciones laborales, el 80 % responde directamente a prácticas del islam. Las recomendaciones restantes se refieren principalmente al judaísmo y al adventismo en lo que respecta al descanso sabático, y al sijismo en lo que respecta al uso del turbante.
Para adaptar la organización del trabajo a las necesidades religiosas, la Generalitat cuenta con la Guía para el respeto de la libertad de religión y de conciencia en las relaciones laborales. El documento recomienda habilitar salas para rezar, facilitar pausas para la oración, modificar los horarios durante el Ramadán y evitar que determinados trabajadores tengan que manipular alimentos prohibidos por sus creencias. Son medidas que la Generalitat presenta como buenas prácticas para empresas y administraciones públicas, aunque no tienen carácter obligatorio general.
Otro pilar de la adaptación religiosa de la Administración es la formación de los funcionarios. La Generalitat organiza cursos para que los funcionarios adapten el trato a los ciudadanos según sus creencias religiosas. La formación se dirige al personal de atención ciudadana, educación, sanidad o servicios sociales. La próxima jornada, prevista para el 23 de noviembre, irá más allá de la atención a los ciudadanos: abordará la participación de las entidades religiosas en la definición de las políticas públicas.
¿Sala sindical, para tomar café, para dar el pecho… y para rezar?
La página 67 de la guía religiosa de la Generalitat propone que las empresas y las administraciones públicas habiliten una sala para que los trabajadores puedan rezar. Para banalizar la propuesta, compara las salas de oración con los espacios destinados a tomar café, descansar, dar el pecho o desarrollar actividades sindicales.
La propuesta recuerda a lo que ya está ocurriendo en Canadá: una investigación parlamentaria ha identificado 1.000 salas de oración musulmana en edificios del Gobierno federal. Estos espacios se presentaron como salas destinadas al silencio, la meditación, el descanso o las llamadas privadas. En muy poco tiempo, los funcionarios musulmanes se han apropiado de ellos, ya que nadie los utilizaba. En la práctica, han acabado utilizándose como oratorios musulmanes, con alfombras de oración, ejemplares del Corán e indicaciones sobre la dirección de La Meca.

En Catalunya, la Generalitat no oculta la finalidad religiosa tras etiquetas como «salas de silencio», «meditación» o «descanso»: propone directamente habilitar salas para rezar en los centros de trabajo. Lo presenta como una necesidad general de diversidad religiosa, pero los ejemplos que figuran en la guía se centran específicamente en el islam. Aborda las oraciones musulmanas, la concesión de descansos durante la jornada laboral y la puesta a disposición de espacios para practicarlas. En este apartado no se mencionan exigencias equivalentes por parte de cristianos, judíos u otras confesiones. La propuesta se refiere a todas las religiones, pero el ejemplo concreto que utiliza la Generalitat es el de la religión musulmana.
Modificar horarios y tareas durante el Ramadán
La Generalitat también propone adaptar la organización del trabajo a los musulmanes que observan el Ramadán. En la página 68 de la guía recomienda adelantar el inicio de la jornada laboral, establecer jornadas continuas, acumular tareas en otros periodos del año y facilitar intercambios de turnos entre trabajadores musulmanes y no musulmanes. También plantea una permisividad especial para hacer pausas y refrescarse durante el ayuno.
Las recomendaciones alcanzan también las funciones de los trabajadores. La guía recomienda evitar temporalmente el esfuerzo físico y el trabajo en altura, así como tener especial cuidado con la maquinaria pesada. La Generalitat justifica estas adaptaciones para prevenir los riesgos asociados al ayuno, pero el resultado es que una práctica religiosa voluntaria puede dar lugar a cambios en los horarios y en la distribución de tareas. El documento también recomienda tener en cuenta a los musulmanes que deseen pasar el Ramadán con sus familias a la hora de organizar las vacaciones.

La Generalitat lo envuelve todo en el discurso de la «diversidad religiosa», pero las medidas de este apartado tienen un destinatario claro: los trabajadores musulmanes. Ya no se limita a pedir que se respete la religión de los trabajadores: recomienda modificar el funcionamiento de las empresas para que se ajusten a sus exigencias religiosas. Ninguna otra religión recibe un trato semejante: el islam es la única para la que la guía propone reorganizar horarios, turnos y tareas. Y durante todo un mes.
¡Que no toquen el cerdo!
La Generalitat también propone adaptar las tareas de los trabajadores a las prohibiciones alimentarias de las religiones. Aquí el islam tiene compañía: el judaísmo. La guía recomienda que las empresas eviten destinar a la carnicería de un supermercado a los trabajadores que profesen una religión que plantee problemas con el cerdo.
La Generalitat asume en esta guía que el islam prohíbe tocar el cerdo, aunque lo que establece el Corán es que no se puede comer. La negativa a manipularlo, cocinarlo, transportarlo o sentarse a una mesa en la que haya carne de cerdo se debe a interpretaciones religiosas. A pesar de las discrepancias entre los juristas islámicos sobre este tema, la Generalitat da por buena la versión más radical y recomienda que las empresas adapten las tareas de los trabajadores para evitar cualquier contacto físico con la carne de cerdo. Así es como una interpretación religiosa discutida acaba convertida en una recomendación oficial sobre cómo debe funcionar una empresa.
El único conflicto laboral relacionado con la carne de cerdo que se recoge en la guía es el de una trabajadora musulmana que en 1997 se negaba a manipular y vender cerdo y alcohol. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid falló en su contra. La Generalitat cita esta sentencia, pero recomienda que las empresas eviten asignar estas tareas a los trabajadores que las rechacen por motivos religiosos. La paradoja es que la Generalitat promueve como buena práctica lo que el tribunal no reconoció como un derecho y que ni siquiera el Corán establece como una prohibición.
La expresión de la diversidad religiosa a través de la vestimenta
La Generalitat quiere que la religión se refleje en la apariencia de los funcionarios. En la página 99 de la guía, considera enriquecedor que el aspecto de los funcionarios refleje la diversidad religiosa de Catalunya. Según el documento, esta exhibición ayudaría a incorporar miembros de las minorías religiosas a la Administración y a ganarse la confianza de los ciudadanos que comparten estas creencias. Así, lo que comienza como una cuestión de libertad individual acaba convertido en una recomendación para que la Administración exhiba la diversidad religiosa a través de sus trabajadores.
El islam también es protagonista en este apartado por el uso del hiyab. La guía analiza varias sentencias judiciales (páginas 76-78) que reconocen el derecho de las trabajadoras musulmanas a llevar el velo. Estos casos sirven a la Generalitat para recordar que las empresas no pueden prohibir el hiyab de forma arbitraria.
La misma guía reconoce que esta vestimenta puede poner en peligro la neutralidad religiosa de la Administración. En la página 98, se recomienda a los profesores de los colegios públicos que actúen con cautela en lo que respecta a los símbolos religiosos. Sin embargo, en la página siguiente se afirma que exhibirlos resulta enriquecedor. La paradoja radica en que lo que se presenta como un posible problema de neutralidad en las aulas se convierte en una muestra deseable de diversidad en otros entornos públicos.
Se puede intentar convencer a los compañeros
La guía también aborda la posibilidad de difundir ideas religiosas entre los compañeros de trabajo. En la página 78, se reconoce este derecho incluso cuando se trata de convencer a otras personas para que se unan a una confesión religiosa. En la página 79, se especifica que los trabajadores pueden hacerlo durante los descansos y que no necesitan obtener el consentimiento previo de sus compañeros. Solo deben detenerse cuando sus compañeros manifiesten claramente que no quieren seguir hablando de religión. El documento prohíbe dedicar a ello el tiempo efectivo de trabajo y advierte de que la insistencia puede constituir acoso.
El resultado de todo ello es que las creencias religiosas dejan de ser una cuestión personal de los trabajadores para convertirse en un criterio que condiciona la organización y el funcionamiento de los servicios públicos. La Generalitat propone que las empresas y las administraciones públicas adapten sus actividades a las prácticas religiosas que, hasta ahora, no formaban parte de la organización habitual del trabajo. Aún no son obligaciones, sino más bien recomendaciones basadas en la diversidad y la libertad religiosa.
↓ Descargar la guía de la Generalitat (PDF)
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