La sharia llega a las piscinas de Roma con franjas sólo para mujeres
La comunidad islámica reserva horas sin hombres en una piscina de Roma y defiende la medida como "inclusiva". La izquierda dice que es "una forma de delicadeza".
La Comunidad Islámica de Roma ha organizado durante los miércoles de agosto unas franjas horarias exclusivamente femeninas en la piscina de Tor Tre Teste, en Roma. Durante estos períodos no pueden acceder hombres y el personal presente también está formado sólo por mujeres. Los musulmanes lo defienden porque facilita el acceso a la piscina a mujeres musulmanas que, por motivos religiosos o de pudor, prefieren no bañarse frente a hombres. Los organizadores rechazan que se trate de segregación y presentan la medida como una fórmula de ’inclusión“ y de libertad de elección para mujeres que podrían optar por no ir a la piscina.
La iniciativa, bautizada como “Piscina estate por donne”, se celebra todos los miércoles de agosto en dos franjas, de 7.30 a 9.30 hy de 18.30 a 20.30 h. Según los organizadores, se han elegido horas en las que la piscina habitualmente no estaba abierta al público y la Comunidad Islámica paga por su uso. La propuesta nació con el objetivo de permitir a mujeres musulmanas cumplir sus preceptos religiosos en un espacio no mixto. Sin embargo, posteriormente se ha presentado como una actividad abierta a cualquier mujer, sea musulmana o no. La dirección de la piscina sostiene que se trata de una instalación privada y que la Comunidad Islámica alquila estas franjas de forma específica.
La Comunidad Islámica insiste después de la polémica que el espacio está abierto a todas las mujeres, independientemente de la religión o el origen, y que cada una puede vestirse como quiera, con bikini, bañador o burquini. Según su representante, Ahmed Val, reservar unas horas sin hombres no restringe la libertad femenina, sino que la amplía: «Hablamos mucho de libertad de elección, pero cuando hay musulmanes de por medio parece que esa libertad desaparezca», ha declarado a Fanpage.
La izquierda defiende la piscina de la sharia
La izquierda italiana ha defendido la iniciativa como medida de inclusión. Roberto Morassut, diputado del Partido Democrático, la considera una "decisión justa" y una "forma de delicadeza"“ hacia mujeres que, por motivos religiosos o culturales, no utilizarían una piscina mixta. Según Morassut, ofrecerles ese servicio evita que queden fuera de la vida social y civil.
El propio Morassut ha llegado a calificar la iniciativa de’“"acto de civilización y de inclusión"”. La lectura de la izquierda es, por tanto, que la separación temporal entre hombres y mujeres no excluye, sino que permite participar a quien de otra forma no lo haría. La defensa de la izquierda en la piscina de la sharia coincide con la de la Comunidad Islámica: la separación entre hombres y mujeres facilita el acceso a la piscina a mujeres que optarían por no utilizarla.
Fratelli de Italia denuncia la segregación
Fabio Rampelli, vicepresidente de la Cámara y dirigente de Fratelli de Italia, rechazó que la separación entre hombres y mujeres pueda presentarse como una medida de inclusión. El político considera que reservar franjas exclusivamente femeninas para adaptarse a preceptos islámicos introduce una forma de segregación por sexos y ha anunciado una interrogación parlamentaria sobre el caso.
Rampelli ha utilizado un lenguaje especialmente contundente para describir la iniciativa. Según recoge Corriere della Sera, ha afirmado que «estamos ante un primer y descarado experimento para introducir normas islámicas dentro de nuestras vidas» y ha resumido su crítica con una frase: «La sharia llega las piscinas». Su posición es que el debate no gira sólo en torno al traje de baño oa la libertad individual de cada mujer, sino sobre si es aceptable institucionalizar espacios separados por sexos para responder a exigencias religiosas.
Rampelli también ha entrado en la cuestión de qué tipo de instalación es realmente Tor Tre Teste. El vicepresidente de la Cámara ha rechazado que el caso se pueda liquidar simplemente diciendo que “un privado puede hacer lo que quiera” y ha puesto el foco en que la piscina presta un servicio abierto al público y que es una concesión pública. Según su argumentación, el punto clave no es sólo la titularidad del espacio, sino si una instalación que recibe público puede excluir a los hombres durante determinadas franjas para adaptarse a una exigencia religiosa. Por eso ha pedido aclaraciones sobre el régimen jurídico de la piscina y sobre hasta qué punto esta separación por sexos es compatible con las normas aplicables a los establecimientos abiertos al público.
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