Terrorista islamista en huelga de hambre en Alemania porque lo custodian mujeres
Es el psicólogo saudí que mató a seis personas en el mercado de Navidad de Magdeburgo
El pasado diciembre, Taleb ab Abdulmohsen, un psiquiatra de 50 años nacido en Arabia Saudita, sembró el terror en el mercado de Navidad de Magdeburgo, en Alemania, lanzándose con un BMW X3 contra la multitud. Seis personas murieron y casi 300 resultaron heridas, algunas de gravedad. El ataque fue premeditado: el autor ya había anunciado sus intenciones en las redes sociales, donde escribió que “la nación alemana pagará por los crímenes cometidos contra los refugiados saudíes”.
Tras la masacre, fue detenido e ingresado en prisión de Dresde en régimen de prisión preventiva. Allí ha protagonizado un episodio insólito y revelador: inició una huelga de hambre de 26 días porque mujeres le vigilaban, incluso cuando iba al baño, según ha revelado el diario BILD. Finalmente, le trasladaron a un hospital penitenciario en Leipzig, donde volvió a alimentarse y se encuentra estable.
Una protesta contra las mujeres, no contra las condiciones
Ab-Abdulmohsen no protestaba por la falta de asistencia médica o maltrato, sino por un motivo ideológico. No aceptaba ser observado por mujeres, ni siquiera en una institución penitenciaria. El abogado del preso ha reclamado un "trato digno" para su cliente.
La sociedad turcochipriota ha intentado mantener una separación clara entre religión e instituciones públicas, especialmente la escuela. La introducción del velo en las aulas rompe ese equilibrio y enciende las alarmas de muchos sectores que temen perder su autonomía cultural y política ante la injerencia de Turquía.
Un patrón que se repite: islamistas con exigencias
El caso del terrorista de Magdeburgo recuerda a una situación que se da en Reino Unido: los presos islamistas de la cárcel de Manchester han logrado que los perros de detección no cacheen sus celdas. El motivo alegado es que los animales son “impuros” y que su uso vulnera su fe. ¿El resultado? Las autoridades han cedido pese a la oposición de los sindicatos.
Tanto en la cárcel de Dresde como en la de Manchester se pone en cuestión hasta qué punto los valores democráticos pueden resistir ante una presión religiosa que exige privilegios y rechaza a la autoridad civil cuando no se ajusta a la doctrina. No se trata sólo de libertad de culto, sino de un conflicto entre dos visiones irreconciliables: una sociedad basada en la igualdad y el estado laico, y otra que quiere someter a las instituciones públicas a los dictados religiosos.
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