La calle del Reino Unido más inclusiva es donde el inglés más ha desaparecido
Leicester tiene una calle que ejemplifica el fracaso de la integración y muestra con crudeza el significado de la inclusión. Hablar inglés en Mornington Street es la excepción.
En Mornington Street, en el corazón de Leicester, el inglés no es necesario para vivir. Esta calle está en un barrio mayoritariamente compuesto por inmigrantes de la India, Bangladesh, Somalia y Oriente Medio. Aquí, casi la mitad de los adultos no hablan inglés con fluidez, y otros no lo hablan en absoluto. La oficialidad británica lo llama “diversidad”, pero cada vez más vecinos, educadores e incluso miembros de las propias comunidades de inmigrantess preguntan si esto es realmente inclusión o un fracaso rotundo de la integración. Un reportaje de Nick Kaven para el Daily Mail del 19 de mayo da todos los detalles.
Pasear por las calles de Mornington Street y sus alrededores se tiene una sensación inmediata de desconexión con el entorno británico. Las fachadas, comercios e incluso el ambiente visual y sonoro evocan claramente otro lugar del mundo. Las banderas de Palestina y de la India cuelgan de balcones, ventanas y tiendas. La atmósfera recuerda más a un suburbio asiático que a un barrio de Leicester.
La calle es lleno de mujeres vestidas con burka, hiyab u otras formas de cobertura islámica. La mayoría de los establecimientos tienen rótulos escritos en gujarati o urdu. El inglés, si aparece, lo hace en letra pequeña o como traducción secundaria.
Los datos que lo explican
Según el censo de 2021 esta calle de Leicester registra el porcentaje más alto de residentes que no hablan inglés en todo el Reino Unido. Los datos superan cualquier discurso oficial sobre integración o inclusión:
- 43 % de los mayores de 16 años en Mornington Street hablan poco o nada de inglés.
- Sólo el 57 % de los residentes de Leicester nacieron en Inglaterra,
- El 23,5 % de la población de la ciudad es musulmana,
- Hasta tres generaciones viven juntas en un mismo domicilio, y son los niños quienes actúan como puente lingüístico.
Una ciudad dentro de la ciudad
Las fachadas de ladrillo rojo y las terrazas estrechas recuerdan a la Inglaterra industrial del siglo XIX, pero la realidad social en Mornington Street y cercanías es otra. Bandas de niños juegan en lenguas que no son el inglés y las tiendas anuncian ofertas en urdu. El inglés, cuando se utiliza, suena con acento extranjero o infantil.
Encontramos una pizzería que vende mejor las pizzas de curry que las de pepperoni, un supermercado con nombre islámico y un templo hindú junto a dos mezquitas. Las calles adyacentes tienen nombres oficiales británicos, pero la vida cotidiana se organiza como un barrio asiático del subcontinente.
Los niños hacen de traductores
Según Ruki, una mujer de 62 años originaria de Malawi, muchos niños del barrio deben hacer de traductores para sus padres y abuelos. En la escuela, a menudo son los niños quienes acompañan a los progenitores a las reuniones para ayudarles a entender qué dice el personal docente. “Los mayores no hacen el esfuerzo de aprender inglés porque saben que sus hijos les van a solucionar la situación”, explica Ruki, que trabaja en una escuela primaria.
Este fenómeno tiene graves consecuencias, sobre todo en ámbitos sensibles como la salud y la educación. ¿Cómo acceder a un diagnóstico médico cuidado si no puedes describir los síntomas al médico? ¿Cómo entender un plan educativo si usted no puede leer una nota de la escuela?
El inglés no hace falta o da pereza
Muchos residentes entrevistados por los periodistas del Daily Mail reconocen no saber inglés. Otros lo hablan, pero aseguran que sus familiares o amigos no lo hacen por pereza, dificultad o falta de interés. Las opiniones son diversas, pero todas apuntan a una realidad compartida: la integración lingüística no es una prioridad para todos.
Shohel Issufo, un pizzero de 37 años originario de Gujarat, explica que sólo aprendió inglés porque no tenía otra opción si quería salir adelante. reconoce que muchos de sus vecinos no se sienten motivados a hacer lo mismo: viven en una burbuja cultural y lingüística donde todos hablan gujarati u otras lenguas de su país de origen, y esto les evita la necesidad de integrarse lingüísticamente.
Ribwar Hussein, un kurdo iraquí que regenta un taller mecánico, relata un caso parecido pero con un matiz personal: él sólo aprendió inglés después de casarse con una mujer británica. En casa ahora hablan inglés con sus hijos, pero su comunidad sigue hablando mayoritariamente en lengua kurda. Ribwar está claro: “si quieres prosperar y tener oportunidades reales, es necesario dominar el inglés, pero también admite que si te mueves sólo dentro de tu grupo, no hay ninguna presión para aprenderlo“.
Por el contrario, Rukshana Fatiwala, británica nacida en Leicester e hija de inmigrantes indios, cree que no es justo exigir a todo el mundo que hable inglés. Defiende que lo que realmente importa es que las personas contribuyan a la sociedad pagando impuestos y generando actividad económica. Ahora bien, ella incluso reconoce que su marido —también inmigrante— solía saltarse las clases de inglés para ir a trabajar, y que esto no le ha impedido triunfar profesionalmente.
Estos testimonios reflejan un problema estructural: mientras el sistema no exija el conocimiento de la lengua común como condición para vivir y trabajar, muchos optarán por mantenerse dentro de su zona de confort lingüística.
El discurso político cambia… demasiado tarde?
El primer ministro Keir Starmer ha admitido que es necesaria una distinción entre quien se integra y quien no. Sin limitar el número de migrantes, exige un compromiso activo con la lengua y valores británicos. Pero quizás ya llega demasiado tarde.
En Mornington Street, los jóvenes se consideran británicos, pero hablan con sus abuelos en lenguas asiáticas, y no hay contacto con la población autóctona. En algunos casos, incluso se rechaza aprender inglés. Una mujer de 38 años, entrevistada por la prensa dice: “No me gusta la lengua. Es demasiado difícil. ¿Por qué debería aprenderla?”
¿Hasta dónde llega el deber de integrarse?
El caso de Mornington Street no es simple anécdota. Es la demostración empírica de que una sociedad puede permitir la convivencia de múltiples culturas… pero no puede sobrevivir si renuncia a tener una lengua y unas normas compartidasse. Cuando el Estado deja de marcar límites claros, y la asimilación se convierte en una opción voluntaria, el resultado es el que vemos en Leicester: comunidades paralelas, aisladas y autosuficientes que viven al margen del país que las acoge.
El caso de Leicester plantea preguntas sobre los límites y condiciones de la integración en sociedades con alta diversidad cultural y lingüística, especialmente cuando la lengua del país de acogida deja de tener un papel central en algunos barrios o comunidades. ¿qué queda del proyecto colectivo de país?
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