La nevera halal de Sharp que fusiona religión y electrodoméstico
Los materiales, lubricantes y procesos de producción fueron evaluados por el Consejo de Ulemas de Indonesia antes de dar el certificado.
En Indonesia, todo puede ser halal. La comida, los zapatos, la crema hidratante, el jabón, los bolígrafos… y, sí, también las neveras. Por extraño que parezca, un electrodoméstico también puede ser examinado por una autoridad religiosa para determinar si es puro según el islam.
Así lo entendió Sharp cuando en 2018 va lanzar en Indonesia la primera nevera con certificado halal del mundo. No era una broma. Era una estrategia comercial seria en un país con más de 200 millones de musulmanes y una legislación que exige que todo producto que entre en contacto con alimentos debe ser halal. Y esto incluye la nevera.
La fe entra en la cocina… con sello
El Consejo de Ulemas Indonesiano (MUI), que gestiona la certificación halal, verificó pieza por pieza el refrigerador de Sharp: materiales, adhesivos, lubricantes y procesos de fabricación. Todo debía ser “limpio”, religiosamente hablando. ¿El resultado? Una nevera apta para guardar alimentos… con tranquilidad espiritual.
La nevera halal de Sharp no es un caso aislado sino parte de una tendencia creciente en Indonesia: aplicar la certificación halal a todo lo que se pueda vender. Desde productos de higiene personal hasta objetos de uso doméstico como una lámpara o cazuela. Si un artículo puede tener contacto con la piel, la boca o los alimentos, se espera que cumpla con los criterios establecidos por las autoridades religiosas. Lo que no se sabe es si el frigorífico pierde la capacidad de ser halal si se mete carne de cerdo o si puede convertir en halal alimentos no halal.
La religión que penetra en todos los ámbitos
El caso del frigorífico halal de Sharp no es sólo una anécdota curiosa o una extravagancia del mercado asiático. Es un ejemplo claro de hasta dónde puede llegar la institucionalización religiosa cuando penetra en la vida cotidiana y en el consumo de masas. Lo que comienza como una regulación sobre los alimentos se va extendiendo silenciosamente hacia objetos, espacios y hábitos que, hasta hace poco, parecían completamente neutrales.
Este caso muestra cómo el islam se infiltra en la industria, en la legislación, en la tecnología y en la vida doméstica. El hecho de que una nevera necesite la aprobación de un consejo religioso no es sólo una cuestión comercial: es una forma de redefinir lo que es aceptable y lo que no lo es en el espacio público.
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