En prisión por ofender el islam en Marruecos por una camiseta de “Alá es lesbiana”
La activista feminista y LGTBIQ+ Ibtissame “Betty” Lachgar fue arrestada después de publicar una foto con la camiseta de Alá es lesbiana. Un delito que puede acarrear hasta cinco años de cárcel en Marruecos.
Muchos medios internacionales —entre ellos El Debate— se han hecho eco de la detención en Marruecos de la activista feminista y LGTBIQ+ Ibtissame “Betty” Lachgar. La causa es una fotografía publicada en las redes sociales donde aparecía con una camiseta con la inscripción “Allah is lesbian”, acompañada de un mensaje claro crítico con la religión islámica: “El islam, como cualquier ideología religiosa, es fascista, falócrata y misóginoa”.
El arresto se produjo el 10 de agosto de 2025 después de que la fiscalía abriera una investigación por “ofensa al islam”. El delito está tipificado en el Código Penal marroquí con penas que pueden llegar hasta cinco años de prisión cuando la supuesta ofensa se difunde de forma pública, incluyendo por Internet. El juicio se inició el 13 de agosto, pero fue aplazado al 27 de agosto a petición de la defensa, que reclamó libertad provisional para poder preparar los argumentos legales. Hasta entonces, Lachgar permanece en detención preventiva.
Amenazas de muerte, violación y linchamiento
La publicación provocó un alud de reacciones en las redes, incluyendo miles de amenazas de muerte, violación y linchamiento contra el activista. Ante la presión social y política, el caso fue trasladado a los tribunales. Los cargos han sorprendido a muchos observadores, ya que la militante feminista y LGTBIQ+ había compartido imágenes con la misma camiseta desde el 2022, e incluso la había lucido en una entrevista en la televisión francesa LCI en el 2021, sin que se abriera ninguna causa.
Según fuentes cercanas al activista, durante la primera semana después de su publicación no hubo ninguna reacción institucional. Todo cambió el 9 de agosto, cuando una ola de cuentas anónimas —muchos vinculados al movimiento de identidad morisca, conocido por sus campañas de ciberacoso contra colectivos feministas— empezó a atacarla masivamente e incluso a etiquetar la Dirección General de Seguridad Nacional. Pocos días después, la fiscalía decidió actuar.
La lucha de Lachgar contra la homofobia y el islam obligatorio
Betty Lachgar es una figura conocida en Marruecos: psicóloga de formación, cofundadora del Movimiento Alternativo para las Libertades Individuales (MALI), y una de las pocas activistas que se declara abiertamente atea en el país. En el pasado ya había protagonizado acciones que levantaron polémica, como un “kiss-in” en defensa de la libertad de expresión o comidas colectivas en público durante el Ramadán. A su lado militó también la periodista Zineb El Rhazoui, cofundadora de MALI, que después de aquellas acciones tuvo que exiliarse a Francia, convirtiéndose en una de las voces más críticas con el islam político oficial del régimen marroquí.
En Marruecos, elhomosexualidad está penada con hasta seis años de cárcel según artículo 489 del Código Penal. La persecución legal se corresponde con una opinión pública mayoritariamente hostil: según la encuesta Arab Barometer (2019), el 82% de los marroquíes son homófobos con datos curiosos como que sólo el 7% aceptaría a un vecino homosexual.
En este contexto, Ibtissame “Betty” Lachgar es de las pocas voces que desafía abiertamente ese consenso social y legal. Otro de los frentes en los que Lachgar ha desafiado las normas establecidas es el del Ramadán. Marruecos castiga con prisión no hacer el ayuno religioso y más comer o beber en público durante este mes puede acarrear sanciones. En varias ocasiones, el activista ha organizado comidas colectivas a plena luz del día para denunciar esta imposición y reivindicar la libertad de conciencia, unas acciones que generaron tanta polémica como sus protestas a favor de los derechos LGTBIQ+.
El nuevo caso de Betty Lachgar vuelve a poner de relieve las tensiones entre la libertad de expresión y los límites impuestos por la religión y la moral oficial en Marruecos. Su detención ha abierto un debate que combina cuestiones de fe, derechos de las mujeres y diversidad sexual, en un país donde las críticas al islam y las relaciones entre personas del mismo sexo siguen siendo castigadas con severidad.
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